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miércoles, 25 de febrero de 2009

POEMA No XV
De alguna forma,
debo regresar siempre a tus silencios,
para buscar las claves,
lo que flota divagando en tu sonrisa,
luego,
perseguir la ruta de tus ojos
colgados del vacío.

Inevitable
ponerle un nombre amoroso a tus segundos,
querer el sello quieto de tus dedos,
amar en ti aún lo que no es mío,
la cueva de tu ausencia,
la puerta cerrada de tu reflexión.

Así,
recojo de tu tiempo
lo que mas quiero de ti,
esos retazos de vida suspendida,
migajas de misterio
que recopilo a tus espaldas.

Sí,
me gusta hacerte mío cuando huyes,
y esperarte,
mientras vagas por planetas o por mundos,
pues cuando regresas,
parece que vuelven los aires a la luz,
y diría,
que coleccionaste siglos
y que te colgaste mas tristeza.

Pero bajan de pronto tus ojos,
a dibujar en mí todas las estrellas,
a destapar la sustancia de mis tres dimensiones,
los límites ansiosos
de mi piel y mis sueños.

Entonces,
guardo los trazos de tu sombra
como el agua esconde su acertijo,
mientras volvemos al origen,
al crujir de la sangre,
al sueño y a la vida.

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