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viernes, 1 de mayo de 2009

HABITANTES DE UNA CALLE
(Día del Trabajo 1° Mayo 2.009)




Es un planeta espinado de acuarelas caminantes.
Hierven tonos de lenguas, de labios.
Llantos se desgajan en muecas ácidas.
Evapora la tierra.
Alientos humanos supuran su extravío.
Hay manos rasgando una carne.
De nuevas conquistas se besan los ácaros.
En un hueco la miseria grita un festín de heridas,
eco leve en un abismo de culpa.
Una mujer levita en el satín, en el límite del bien.
“No hay metal”: suelta una puta vestida de ventanas.
En las pupilas secas, el vicio es la palidez que se come su tristeza.
Por los brazos del cemento chorrean bisuterías,
la fútil meta de sus dueños malogrados.
Justo en frente abre la boca un emporio,
atragantado de aquello que corrompe y que engrandece.
Una cabeza avergonzada de años, tintinea desde una sombra.
Mas allá, un poeta remolca su equipaje de alteración.
Luego, en su tatuaje de letras,
dibujará sus pincelazos negros.

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