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sábado, 20 de junio de 2009

LOS AMIGOS IDOS



No importa que esté el muro
con las flechas que sembramos,
no importa que ya no alumbre esa luz,
la de sonrisa de tarde,
o la copa que surtía el constante divagar,
las ideas que cruzaron como apasionados lances,
las mismas que nos partieron en los ojos la razón,
esas que no supimos manejar con entereza,
con el genio del que piensa
o la madurez del que envejece.

Si,
no importa que ya no toquen a la puerta los tequilas,
ni viajen de mesa en mesa los milagros culinarios,
no importa que seamos recuerdos a destiempo,
y que en un cajón enmudezcan las canciones del ayer.

No importa este saudade que emana del cariño,
las flores que cultivamos para luego pisotearlas,
sigamos en caravana tras el lomo del orgullo,
al final también soberbios, olvidaremos.


2 comentarios:

Miguel A. Guevara dijo...

Esa soberbia, dueña de casi todos esos instantes.
bienvenida sea la madurez!
el orgullo y lo que se olvida!

Clara Schoenborn dijo...

La soberbia es la idiotez del inteligente.El orgullo, la carencia de nobleza.Y el olvido es bienvenido, siempre que sea la pobre solución.