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lunes, 21 de septiembre de 2009

LA FLOR DOLIDA




Tu quejido de niña


como un peso de plomo ranuró mi cristal,


el golpe que te asfixiaba me mató los ojos


y fui lágrima encendida rotando en infiernos.



Estás tan cerca, pero también tan lejos,


lejos de las heridas que los errores labran,


de los huecos que son como punzadas,


tu latido tierno no entiende vericuetos


porque te duele la sangre,


toda la sangre.

2 comentarios:

Antonio dijo...

No hay mayor dolor que el que sentimos por el dolor de los seres queridos, aquellos para quienes hubo un tiempo en el que eramos su alegría y consuelo. Ahora sin embargo los errores y la distancia hacen que solo podamos ser desconsolados espectadores de su infortunio del que, en mucha medida nos sentimos responsables.

Clara nos llegas tan sencillamente porque sencillamente te dejas sentir.

Clara Schoenborn dijo...

Gracias Antoñito por tu comentario. Me alegra haberte reencontrado y que ahora formes parte de este rinconcito donde dejo mis impresiones del mundo y sus gentes.De lo que dices tienes razón, ya tu sabes la historia completa, es una realidad bien triste. Abrazos y besos.