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domingo, 26 de septiembre de 2010

Encarcelada

























Desde que ya no estaba, sentía que algo le faltaba irremediablemente.



Se había acostumbrado a que él era el motivo de su vida.



Habían sido muchos los años en que habían vivido unidos de tantas maneras, todas ellas contactos negativos, oscuros y malsanos.



Durante ese largo tiempo de nefasta relación, había despertado cada día invariablemente pensando en él, asimismo le dedicaba su último pensamiento al acostarse. Se había convertido en su obsesión, en la base de su existencia, le absorbía su energía vital, su concentración, todos sus mas bajos y depresivos instintos.



Ahora que ya no estaba, no sabía que hacer con ese hueco en su existencia.



Pensaba si no hubiera sido mejor dejarlo que viviera.



Le parecía que había sido una mala idea decidir matarlo.



En ese entonces, ni siquiera hubiera podido predecir la extraña reacción de su mente. Había creído todo lo contrario, que desapareciéndolo de este mundo se esfumarían como por arte de magia todos los lazos oscuros y bajos que la ataban a su verdugo. Que volvería a ser feliz, a estar tranquila.



Pero no había sido así.



Ahora, entre las cuatro paredes de su celda fría y desolada, lo extrañaba. Lloraba mucho, porque lo buscaba para odiarlo y solamente le llegaba a la mente la imagen plácida, inofensiva y ausente de su rostro muerto.



Quería sentir ese rencor inmenso que le producía recordar el abuso brutal al que la había sometido durante tanto tiempo, pero el hecho de haberlo asesinado a sangre fría y despiadadamente, de pronto había saldado toda la cuenta, y esa venganza había borrado completamente la amargura de su corazón. Su alma estaba limpia, sin mácula, virginal.



Se sentía otro ser al que no reconocía, viviendo en un cuerpo ajeno con el que no sabía qué hacer y con el que no le gustaba vivir.



Muy tarde había comprendido que ella era un ser carroñero y él su carroña y que insensatamente había cortado de tajo su alimento en la tierra.



Ahora moría de hambre eternamente.



En una interminable agonía ansiando esa agonía.

12 comentarios:

Marisol dijo...

Has empezado a escribir más narrativa que lírica, Clara.
El cuento ha tomado un cariz social que devela la razón por la que una mujer acepta ser abusada, y es que es una forma de vivir, que se reprueba, sí, pero quien la vive no puede o no sabe vivir de otra manera.
Para ser libres, debemos estar dispuestos a instalarnos en nuestros propios abismos.
Siempre que llego, me haces reflexionar.
Un gran abrazo.

Pedro F. Báez dijo...

La víctima puede, fácilmente y dadas las circunstancias propicias, pasar a ser victimario(a). Intensa y muy bien planteada esta narración, Clara. Todas las cárceles que nos limitan (físicas o no) se erigen, invariablemente, desde nosotros mismos y sus paredes y barrotes son el resultado de nuestras acciones y el sendero que escojamos en nuestras psiquis. Eres tan buena cuentista como poetisa. Pero de nuevo, no me sorprende. Con la riqueza léxica que posees y tu cultura integral de la vida y tu enfoque filosófico, no podía ser sino tal cual es. Un fuerte abrazo y un beso.

José Antonio Fernández dijo...

Un texto que invita a la reflexión.
Es bastante real, donde la victima se erige verdugo, pero nunca deja de ser víctima, pues es papel que le ha tocado vivir.
Un abrazo.

LA CAJA DE ANBAIRO dijo...

¿Victima y verdugo?

Yo diría: Victima antes, durante y después.

Antes, por que tuvo la mala suerte de relacionarse con un maltratador.

Durante, por que no supo o no pudo desligarse de semejante individuo en el que había depositado su confianza y su amor.

después, por que aún después de muerto había conseguido que ella se sintiera mal por haber cometido aquello que en circunstancias normales, nunca habría sido capaz de hacer.

P.D.

"NO AL MALTRATO FÍSICO NI PSICOLÓGICO"

Un besopoeta

Pury dijo...

Uf, es difícil creer que esto por desgracia ocurre en la sociedad, ese instinto de dependencia a lo bueno o lo malo.
Y lo peor es darse cuenta que en el fondo no acabó con su dolor sino que lo multiplicó, una victima transformándose en quien sabe que..
salu2 de Domingo

reltih dijo...

es como el que mato "la gallina de los huevos de oro" y creo que mató su saciedad pero sigue sedienta.
besos mi apreciada coterranea

Óscar dijo...

Si malo es depender de algo, peor aún es depender de alguien. Cuando toda tu vida se reduce a una única persona, lo normal es caer en conductas obsesivas y en un amor como el que aquí muestras, que no por ser mórbido y malsano deja de ser amor; es más, quizá sea un amor más verdadero que otros socialmente aceptados. Y aunque suene a tópico, qué poco separa al amor del odio.

Un abrazo, Clara.

Isabel dijo...

Vaya Clara, este cambio a la narrativa lo llevas de forma genial, se lee con ganas aún mostrando antes el desenlace, eso tiene que ser bueno.

Un beso.

La abuela frescotona dijo...

EL HOMBRE, ANIMAL DE COSTUMBRES, TAMBIÉN SE ACOSTUMBRA A VIVIR CON DOLOR, Y PARA EL DOLOR. LA DEPENDENCIA ES UN RÍO QUE CORRE UNIENDO LAS ALMAS, ES DÉBIL Y FEROZ.
ODIA DEPENDER, DE AQUELLO QUE NECESITA PARA SER. NO CONOCE LA LIBERTAD, SIN LA HUMILLACIÓN NO EXISTE. EL ESCRITO ES UN CUADRO DEL MUNDO DE HOY, QUIERO DEJARLO AQUÍ, TIENE TANTA RIQUEZA Y CONTENIDO, HAY MUCHO PARA HABLAR .
UN SALUDO QUERIDA CLARA

Mariela Marianetti dijo...

Una narraciòn muy inteligente que muestra como nos habituamos al maltrato y en su ausencia ( a veces, no necesariamente la muerte) no sentimos extraños con nosotros mismos. Un mensaje claro para un amor malsano que siempre se baila de a dos.

Me encantò.

Un gusto leerte Clara.

Un cordial saludo

Luis dijo...

De este modo vivimos la dualidad victima-verdugo. Un texto magnifico que queda en el pensamiento y propone un trabajo de reflexión.
Un saludo

Juan Carlos T. V dijo...

hola pase a conocerte ya saber d ti a ser tu amigo , muy buen texto muy bueno en verdad me atrapo...

!Muy tarde había comprendido que ella era un ser carroñero y él su carroña y que insensatamente había cortado de tajo su alimento en la tierra. !

un gusto visitarte...y saber de tu narrativa...un abrazo poiesis...