Una mujer flota sobre los alfabetos,
se levanta cada mañana
a regar los cultivos de azafrán
y a templar el cobre en las campanas.
Un hombre deambula entre los arados,
rebusca arañas en los nidos
para intercambiarles los anzuelos
y se sienta a amansar las piedras.
Una mujer puede ser transparente
o de color fucsia,
se hace amiga de las seis de la tarde,
del lado invisible de las flores
y tiene un cuartito amarillo
donde guarda eclipses parciales de sol.
Un hombre está ligado al plomo,
colecciona mapas
y medallas de tamaño grande,
tiene un salón de espejos con fantasmas
y un librito de preguntas y respuestas.
Pero,
si un hombre y una mujer se hallan,
recomienzan las semillas
y sobre puentes inestables
brotan árboles que en cada estación
cambian de fruto.
Y nadie sabe a ciencia cierta
cómo es ese mundo.
Nadie.

5 comentarios:
Hola, Clara:
Las mujeres, los hombres, la vida, sus labores y los grandes amores.
Un abrazo.
PARALELOS QUE CREAN MUNDOS!!! HERMOSO PLANTEAMIENTO.
BESOS
Muy filosófico ¿no?. Esa es la vida, la unión de dos seres distintos pero que están obligados a atraerse.
Un gran abrazo!
Amiga, un bello y reflexivo poema sobre el hombre y la mujer, su misterio y trascedentalidad. De su unidad y diversidad se perpetúa y enriquece la especie. Un logro. Un abrazo desde Canarias.
Volví a leerlo con calma...
y tiene esos trozos del alma de dos
que se aman, que se aman
Un saludo y un abrazo de admiración
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