De la floración subsiste un toque de pétalos,
un aroma que entiende el declinar de estaciones,
todas las circunferencias cumplen trayectorias
y en la línea del tiempo cruzan sus sellos.
Después de la cosecha, los brazos abren sus nidos
en la tentativa de retener un filamento,
de lamer la esencia que depuró la historia,
el rescoldo que ata destellos de reencuentro.
Aromas nostálgicos de fluidos,
muertos que rezan detrás de sus puertas;
como elipses náufragas,
buscando un cruce de cicatrices.
En las virutas del hollín,
siempre queda un hilo mutilado,
acaso una esencia sobreviva,
-un perfume trotamundos-
y que hoy sólo es un trasluz
en el aire disperso.

4 comentarios:
UFFFFF, SU ESCRITO ME MELANCOLIZÓ.
UN ABRAZO
Me gusta especialmente la última estrofa.
Saludos.
Precioso Clara, con ese aire nostálgico cuando el amor se ha ido.
Un abrazo
He leído con atención tu poema, Clara, me invita a pesar en los círculos a los que nos expone la vida, y en su naturaleza temporal -la de la vida misma-.
Siempre acertada y reflexiva.
Un gran abrazo.
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