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jueves, 22 de septiembre de 2011

En tonos de Vermeer

Dedicado a Antonio Naranjo Hernández




De la floración subsiste un toque de pétalos,

un aroma que entiende el declinar de estaciones,

todas las circunferencias cumplen trayectorias

y en la línea del tiempo cruzan sus sellos.



Después de la cosecha, los brazos abren sus nidos

en la tentativa de retener un filamento,

de lamer la esencia que depuró la historia,

el rescoldo que ata destellos de reencuentro.



Aromas nostálgicos de fluidos,

muertos que rezan detrás de sus puertas;

como elipses náufragas,

buscando un cruce de cicatrices.



En las virutas del hollín,

siempre queda un hilo mutilado,

acaso una esencia sobreviva,

-un perfume trotamundos-

y que hoy sólo es un trasluz

en el aire disperso.

4 comentarios:

RELTIH dijo...

UFFFFF, SU ESCRITO ME MELANCOLIZÓ.

UN ABRAZO

Antolín Amador Corona dijo...

Me gusta especialmente la última estrofa.
Saludos.

María dijo...

Precioso Clara, con ese aire nostálgico cuando el amor se ha ido.
Un abrazo

Marisol dijo...

He leído con atención tu poema, Clara, me invita a pesar en los círculos a los que nos expone la vida, y en su naturaleza temporal -la de la vida misma-.
Siempre acertada y reflexiva.
Un gran abrazo.