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sábado, 6 de junio de 2015

Caballitos de mar




He pensado que desde hace mucho permanezco suspendida en un día de mi infancia. Desde entonces estoy ahí, a pesar de la rotación del espejo y a pesar del descenso de mi voz. Sobre el escenario,  he sido Andrómaca o Medea, los caminos han destruido mis pies y en la mañana guardo en desorden las copas. Pero nada puede evitar que todos los días terminen siendo ese día y que el dormir sea el pasadizo por el cual traslado,  de sol a sol,  su inocencia combativa, ese polígono ingenuo y feliz ante la eminencia de la realidad. Fue un día de la infancia que sólo recuerdo porque decidí que nunca terminara,  y esa fue mi forma de inventar la vida muy lejos y muy cerca de mí.

1 comentario:

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Hola, Clara:

Todos, absolutamente todos, hemos anclado en ese lejano puerto de la infancia... nuestro corazón de niños no envejece.

Vi en el Blog de Gustavo Figueroa tu entrevista en Poesía Por Siempre, felicitaciones

Un abrazo.