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sábado, 6 de junio de 2015

Caballitos de mar




He pensado que desde hace mucho permanezco suspendida en un día de mi infancia. Desde entonces estoy ahí, a pesar de la rotación del espejo y a pesar del descenso de mi voz. Sobre el escenario,  he sido Andrómaca o Medea, los caminos han destruido mis pies y en la mañana guardo en desorden las copas. Pero nada puede evitar que todos los días terminen siendo ese día y que el dormir sea el pasadizo por el cual traslado,  de sol a sol,  su inocencia combativa, ese polígono ingenuo y feliz ante la eminencia de la realidad. Fue un día de la infancia que sólo recuerdo porque decidí que nunca terminara,  y esa fue mi forma de inventar la vida muy lejos y muy cerca de mí.