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lunes, 21 de septiembre de 2009

LA FLOR DOLIDA




Tu quejido de niña


como un peso de plomo ranuró mi cristal,


el golpe que te asfixiaba me mató los ojos


y fui lágrima encendida rotando en infiernos.



Estás tan cerca, pero también tan lejos,


lejos de las heridas que los errores labran,


de los huecos que son como punzadas,


tu latido tierno no entiende vericuetos


porque te duele la sangre,


toda la sangre.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

MARIO BENEDETTI


Cuando te encontré,

el claro de los versos hizo esencia entre mis sienes

y abrieron sus ventanas las palabras

y entre vitrales bailotearon justo en medio de la emoción.



No necesitaba imaginar tu rostro,

porque tu sonrisa iba acicalando los poemas,

con la forma humilde de ornamentar al amor,

ese canto disparado en poderío.



Mi Mario, mi Benedetti,

cuánto dijo la sencillez de tu grandeza,

haber trenzado tanta hondura

con las más escuetas armas del lenguaje;

haber servido el vino más depurado

en una mera copa de escribiente.



Mi Mario, mi Benedetti,

hoy vengo a decir en tu lenguaje:

que si te vas no sea para quedarte,

si no para irte en eterna llegada.

martes, 8 de septiembre de 2009

PARA MI GABITA



Porque la vida no es cuadriculada



fluimos eternamente:


hoy grises


mañana azules


siempre ríos.






Cómodos los estanques


dónde la quietud semeja paz,


pero la paz al final se la come el silencio


y nos tornamos inmóviles


cuando la vida es sólo grito.






Mira hacia adelante,


todos los paisajes te llaman,


se ha encendido una estrella en tu frente


y otra luz que se pensaba apagada


está esperando por tus besos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

EL ÚLTIMO HORIZONTE

No queda más que agonía,

el estupor de ser inocente y estar sentenciado,

los abismos de una especie egoísta

cuya soberbia pagó su precio.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

SIN SAL EN LA HERIDA

Jamás haré que el veneno se mezcle con los aromas,
dejaré en pie toda la hechura,
con las aguas, los ríos, y los planetas en convulsión.

No quiero que nada profane la belleza del respiro,
que los lienzos siempre pinten la médula de ese canto,
la espesura de los versos que fueron fuentes del trance
y que ningún filo imponga la herida de un sinsabor.

Jamás mancharé con lacra la pureza de ese brote,
quedará siempre naciente,
siempre verde,
siempre revelación.