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viernes, 10 de septiembre de 2010

La edad de la inocencia. - DUETO-

Dueto escrito con mi admirado poeta José Antonio Fernández. Su blog: http://joseantoniofs.blogspot.com/ . Gracias por alternar conmigo en este apasionante juego de letras.
Cada párrafo diferenciado según el color.


Humor de corteza dilatada,

licor que se escurre por conductos,

se expanden las ranuras 

de una pócima humedecida 

-impostergable celo que fundirá el cristal-.

Gotea el suero de las puntas

ante el saliente leño en su fruición,

 las cuevas se dilatan

se impregnan de quejidos,

de ruegos licuados en satín.

¡Pétalos sobrepasados de aroma,

buscan el surco de un pulgar!



Viene ávida y doblegada

con ese labio púrpura

y acogedoras formas de una nota,

sin conocer las consecuencias

de tan osada pose; sabe abrir

la flor de su esqueleto, adecentado

con talco lila y logra apaciguar

la calma rota, el roce del temblor

que le descose los lunares

buscando apoyo en una elipse.



Todo estorba y nada pesa

en ese enjuague de apetitos,

marea de piel desenredada,

lanza al fuego partículas de néctar,

ataques secretos hacia el mástil

- mandíbula implacable que espera-.

Crisálida condenada a la erupción,

al vuelo libre en atmósferas de grito,

a la entrega de su cáscara,

escama de gel,

codiciosa fuente  de humedad.



Mientras, espera que su fantasía,

esa forma imprevista que acuchilla el sopor,

que le muerde el lóbulo,

que la cubre de hermosas hebras,

suplicantes burbujas explotadas,

deje libre el camino a sus torrentes

y apaciguado el grito

recoja las puntitas de tentáculo

de su piel despegadas,

busque la horquilla que le falta,

se atuse el pelo descosido

y ya, contenta y satisfecha,

vuelva a elegir la parte interna del cristal.


jueves, 18 de marzo de 2010

REFLEXIONES DE CAPERUCITA ROJA


Desde que salí de la casa estaba destinada al fracaso.

De antemano mi madre me había sembrado una terrible inseguridad.

Me sentía débil y vulnerable y desconfiaba de todos.

No tenía la capacidad de decidir por mí misma qué camino tomar, ni con quién relacionarme.

Todas estas falencias eran producto de lo poco que la sociedad me había dado, en mi pobre condición de mujer. Era como una muñeca de trapo, muy bien hecha y adornada, de hecho, con la caperuza roja me veía perfectamente como el adorno útil y bello destinado a ser.

La vida de cuerpo entero no era cosa de niñas, de mujeres. Nosotras debíamos seguir siempre por el camino diseñado por otros, en un limbo de ignorancia que facilitara nuestra misión de obedecer, cumplir, parecer, pero jamás arriesgarnos a nada, nunca a opinar o a proponer: “Cuidado con desviarte del camino” “no hables con extraños”, eran las consignas que llevaba en mi equipaje como lápidas infames que aseguraban al mundo mi inutilidad e insignificancia.

Así salí de la casa esa mañana, como una minusválida para distinguir entre el bien y el mal; una especie de idiota o de incapacitada mental. No debía arriesgarme a interactuar con nadie porque tenía que desconfiar de mí misma, de mi capacidad de defenderme o de autoprotegerme.

Sí, qué pocas capacidades tenía para enfrentarme al mundo y por ende, nulas eran las posibilidades de que en el cuento terminara siendo yo la heroína y no la víctima.

Efectivamente así sucedió. El lobo me engañó.

Cómo no iba a hacerlo, si mi madre nunca me había hablado de los engaños que pueblan la tierra. Hablar de la maldad del mundo no era cosa de mujeres, no nos incumbía o podíamos contagiarnos de ella, nosotras, los seres puros destinados a la virginidad, a la virtud. Mi progenitora solamente me había dado órdenes que cumplir, nada de discernimiento, ni de capacidad de análisis, no tenía habilidades para la argumentación, apenas pasaba del “sí, señora” o del “no, señora”.

Luego, qué poca esperanza me quedaba para el resto de la vida:

El lobo también engañó a mi abuela.

Esa anciana era una mujer que ya había transcurrido por toda una vida, y no obstante, seguía siendo un pobre ser vulnerable y de poca inteligencia. Fue presa fácil del lobo y sin mencionar que el lobo era un pobre animal. Una criatura que estaba más abajo en la escala de inteligencia que los humanos y aún así, superó con una astucia elemental a esa pobre y bruta criatura llamada “mujer”.

Al final del cuento, y como era de esperarse, apareció el hombre, el héroe de la tierra, el cazador, el salvador. Qué hubiera sido de nosotras sin este titán, sin este dios que libraba a la tierra del mal, de los peligros y del cual debíamos depender si queríamos vivir seguras y a salvo. Qué claro quedó en este cuento que necesitábamos al macho para que fuera todo aquello que nosotras no podíamos ser y para que actuara y obtuviera los logros y las victorias que nosotras nunca podríamos lograr.

Hoy, cuando mando a mi hija a la casa de la abuela, ella lleva además del canasto con panecillos, una escopeta que sabe disparar con más destreza que el mejor de los cazadores. También lleva un mapa que ambas hemos estudiado a fondo, con todos los caminos disponibles para llegar a la casa de la abuelita. También le he enseñado a identificar a un lobo y es más, conoce a fondo completamente a todos los especímenes de la fauna, con sus defectos y virtudes. Mi hija no tiene instrucciones de no hablar con desconocidos porque ella sabe muy bien defenderse de todas las formas posibles y qué acciones tomar en los casos de peligro.

Cuando se despide, la veo alejarse a paso firme, contenta y sin temores.

Y...¡ah!...nunca se pone esa estúpida caperuza roja, a ella le gusta portar una chaqueta de cuero fino, con cuello de piel de zorra.

viernes, 12 de marzo de 2010

DEFINICIONES


Envidia:

Mediocridad disfrazada de odio.


Amor:
Estado obsesivo compulsivo referente a una persona específica generalmente del sexo opuesto y que se cura espontáneamente con el tiempo.




Odio:
Estado obsesivo compulsivo referente a una persona específica de cualquier sexo y que se agrava con el tiempo.


Perdón:
Figura que se adopta para encubrir agotamiento o incapacidad de castigar u obtener revancha del enemigo.


Amistad:
Relación humana que mantiene el vínculo permanente entre personas no emparentadas y que por lo tanto funciona muy satisfactoriamente.


Verdad:
Enunciado en desuso que pretende ajustarse fielmente a la realidad.


Mentira:
Enunciado comunmente utilizado para lograr todo tipo de objetivos, parecido a la verdad pero al revés.

miércoles, 3 de marzo de 2010

¿WO BIST DU KALLE?

Karneval in Philippsburg por Karl-Willi Winter

¿Dónde estás amigo?



Se me perdió tu voz en el octubre del facebook,

y pasó el invierno sin tu luz en la red,

no noté en Navidad que tu palabra faltaba,

no percibí el hueco que me partía.



Pero luego tu ausencia fue golpe,

(en la selva virtual nadie repite tu nombre)

tu perfil se borró sin dejar un adiós,

sin señal,

sin respuesta.



Esta grieta de océanos me duele Kalle,

las débiles raíces de este mundo virtual,

me hiere el silencio que se ríe girando,

sentirme aprendiz a costa de tu huida.



Voy a recoger tu herencia

de minutos comprimidos en el chat:

tu música,

los chistes,

las fotografías,

el libro de tus viajes,

y el ensayo histórico.



Me quedará doliendo

la trampa que es esta pantalla.



Me quedará doliendo

no saberte vivo,

no llorarte

si estás muerto.