StatCounter

martes, 28 de diciembre de 2010

AMOR EN SI BEMOL SOSTENIDO

Esperaba los sueros de ese planeta

lo que tu piel iba a pulverizar en las atmósferas

y cuando restituiste los espejos

supe que solamente tu caricia

había estado tras todos los silencios.



No hay comienzo ni final

en nuestra marea que se expande,

como una pirotecnia del grito

en esta oscilación de sábanas.



Los caminos se derraman

cuando el beso interroga ferozmente,

otros se contraen,

al ajustarse las cadenas

en los espacios desérticos.



Lo cierto es que nada podrá detener

la insistencia de estas explosiones,

las esperas detenidas

en la intersección de tus manos,

y el fermento que no acaba,

-ese presagio sin límites-.

sábado, 9 de octubre de 2010

El rio Cauca - Valle del Cauca- Colombia


















Génesis líquida de caricia circular



va paseando su acuarela por el manto sediento


y en sus giros toca la semilla y las bocas


esparciéndose en el mundo.






La vida se desliza entre su cuerpo,


-respiración de ilimitados tentáculos-


los latidos piden en el aire que lo envuelve


y reciben los códigos que afirman a sus venas.






A cambio,


carga la brea corrupta,


partido en mil pedazos de inmundicia


por la mano que desprecia la suya


y aúlla su sustancia de cadáveres,


tan silente del crimen o el dolor.






El espejo de su rostro


es el vidrio camaleónico en la historia,


hoy,


lodo en estos tiempos subterráneos;


mañana,


cuando amanezca en la inconsciencia,


el noble gigante,


podrá enmendar su cristal.

viernes, 1 de octubre de 2010

Poema cíclico

Estuvimos en ese regalo del tiempo,

virginales como en un diálogo de espejos,

descifrando semillas en los horizontes,

en ese remolino que nos convertía

y nos dejaba desnudos,

felices,

indefensos.



Todo el equipaje fue abierto,

también hirieron las fuentes mudas,

las plegarias sin su carne,

y en el límite del adiós,

ese gesto que multiplicó la lágrima,

imponer esa letanía de despeñaderos,

romper todos los perfumes con otra esfinge.



Quien podría construir ahora

sobre el fruto malversado,

quien lograría reacomodar las fichas del beso,

-la ingenuidad de ese pacto-



Ya no somos más que intentos

despreciados por las luces.

 
 

domingo, 26 de septiembre de 2010

Encarcelada

























Desde que ya no estaba, sentía que algo le faltaba irremediablemente.



Se había acostumbrado a que él era el motivo de su vida.



Habían sido muchos los años en que habían vivido unidos de tantas maneras, todas ellas contactos negativos, oscuros y malsanos.



Durante ese largo tiempo de nefasta relación, había despertado cada día invariablemente pensando en él, asimismo le dedicaba su último pensamiento al acostarse. Se había convertido en su obsesión, en la base de su existencia, le absorbía su energía vital, su concentración, todos sus mas bajos y depresivos instintos.



Ahora que ya no estaba, no sabía que hacer con ese hueco en su existencia.



Pensaba si no hubiera sido mejor dejarlo que viviera.



Le parecía que había sido una mala idea decidir matarlo.



En ese entonces, ni siquiera hubiera podido predecir la extraña reacción de su mente. Había creído todo lo contrario, que desapareciéndolo de este mundo se esfumarían como por arte de magia todos los lazos oscuros y bajos que la ataban a su verdugo. Que volvería a ser feliz, a estar tranquila.



Pero no había sido así.



Ahora, entre las cuatro paredes de su celda fría y desolada, lo extrañaba. Lloraba mucho, porque lo buscaba para odiarlo y solamente le llegaba a la mente la imagen plácida, inofensiva y ausente de su rostro muerto.



Quería sentir ese rencor inmenso que le producía recordar el abuso brutal al que la había sometido durante tanto tiempo, pero el hecho de haberlo asesinado a sangre fría y despiadadamente, de pronto había saldado toda la cuenta, y esa venganza había borrado completamente la amargura de su corazón. Su alma estaba limpia, sin mácula, virginal.



Se sentía otro ser al que no reconocía, viviendo en un cuerpo ajeno con el que no sabía qué hacer y con el que no le gustaba vivir.



Muy tarde había comprendido que ella era un ser carroñero y él su carroña y que insensatamente había cortado de tajo su alimento en la tierra.



Ahora moría de hambre eternamente.



En una interminable agonía ansiando esa agonía.

sábado, 18 de septiembre de 2010

La soledad de la bella.


























Ser extremadamente bella había sido su peor desgracia.

Desde su más tierna infancia había sido medida por el rasero de lo físico, y estaba harta de ser definida por el verde navegante de sus ojos, por el óvalo angelical de su rostro, por el suave paisaje de sus manos, por sus piernas de impecable torneado o por la curva imposible de su cintura.

Tanta admiración desbordada la había llevado indefectiblemente a imaginarse a sí misma como aquella escultura solitaria en el pasillo de un museo, a la cual todos alababan a su paso, pero sin pensarla viva ni racional, sin notar siquiera la permanente y vívida ebullición de su mente, de sus ideas y pensamientos, siempre archivada en aquel rincón de la mente donde se registra la belleza del universo, para saber que existe, lejana e inalcanzable, pero latente para el gozo de los sentidos.

Lejana e inalcanzable.

Así la habían supuesto tantos hombres a quienes ella había amado en secreto por las razones más simples y menos sospechadas: por el sentido lógico y profundo de una voz, por alguna frase de sorprendente hondura filosófica, por los treinta segundos en que una mirada se había posado sobre las flores de aquel jarrón o por esa forma tímida y sensible de sonreír a su cruce casual por la acera. Hombres sencillos, la mayoría de ellos poco dotados en cuanto a belleza física o bienes materiales se refería, pero con aquella riqueza interna que ella amaba y anhelaba tanto como compañía para su interior solitario e ignorado.
No obstante, habría sido imposible que cualquiera de esos hombres siquiera hubiera imaginado ser el objeto del deseo de una mujer que por su exuberante perfección física parecía destinada a unirse a un dios, a un ser de otro mundo, o al menos, a hombres de mucho mayor rango en la escala social. De nada habría valido asimismo insinuarles dicha atracción, en los pocos casos en que se había atrevido a hacerlo, aquellos seres se habían sentido intimidados e inseguros de aceptar la compañía de una mujer que asumían, pronta y fácilmente, marcharía hacia destinos mas gloriosos.

Ahora, cuando la mayor parte de su vida había quedado atrás y la vejez tocaba a su puerta, parecía ser este el momento que había esperado siempre y se sentía de pronto liberada. Poco a poco, se había ido diluyendo el yugo de sus líneas inmaculadas: las curvas habían dado paso a cierta redondez, los rasgos de exactitud estética se iban desdibujando y paulatinamente todo aquel envoltorio de exagerado atractivo físico iba dejando atrás sus días de gloria para entrar en un sombrío pasadizo de decadencia.

Gracias a estos nuevos tiempos, caminaba por las calles con un súbito e inusitado desparpajo. Había dejado de sentirse intimidada. Poco a poco, a la par con el declinar de su cuerpo, se había ido difuminando aquella algarabía de adulación que, expresa o tácitamente, le había salido siempre al paso de cada uno de sus días.

Disfrutaba de pronto de un delicioso anonimato, el cual le abría todo un abanico de posibilidades nuevas. Al fin podía hablar, exponer toda su cultura y conocimiento, y que alguien la escuchara atentamente sin que algún detalle de su anatomía se llevara la concentración de su interlocutor por paisajes de sensualidad y deseo.
Ahora podía e intentaba acaparar la atención de otros con el arsenal de su pensamiento, de sus sentimientos o creencias.
Eran nuevos los despertares de sus días, porque la que amanecía frente al sol era ella y no “aquella” en que los ojos del mundo la habían arrinconado hasta ahora.

De todos sus nuevos logros, nada la llenaba más que su amistad recién nacida con aquel hombre canoso, mofletudo y arrugado que había conocido al sentarse junto a él una tarde de otoño en aquel banco de ese parquecito escondido del barrio.
Era un profesor de filosofía y letras retirado de la universidad desde hacía varios años, ocasional periodista de pasquines de mala muerte y escritor de extraños poemas góticos.
Era una ilusión demasiado valiosa para su existencia esperar los jueves de cada semana, para atender a su cita con él en aquel mismo sitio y poder compartirle todo ese bagaje de inquietudes internas que hasta ahora habían borboteado en su interior como un mero monólogo insistente: hablar de filosofía, de arte, de poesía, de ciencias, de política, también de sueños rotos, de nuevos sueños y de extrañas teorías que podrían salvar al mundo, todo aquello era un universo en maravillosa gestación, antes inalcanzable; un firmamento iluminado de dinámico impulso, que la hacía de pronto sentirse más viva que nunca, encumbrada en una ola de pensamiento y de ideas estimulantes que la hacían flotar por encima del mundo y sus elementales pasiones.

Había valido la pena sufrir la superficialidad del género humano durante tantos años, porque ahora todo ese tiempo ciego, de pronto, se constituía en el caldo de cultivo que enfundaba en oro sus mágicos momentos.

Nada empañaba su absoluta felicidad de las horas que pasaba sentada en aquella banca, junto a ese desgarbado hombre, ávido de su interioridad, de sus sentimientos y pensamientos y para las cuales vivía su nueva existencia, como una perfecta devota de una impostergable religión.

Ni siquiera las burlas de los niños que le gritaban: “la loca que habla sola en la banca del parque”, ni cuando le tiraban piedrecillas o le halaban la falda, podían alejarla de su cita semanal junto al hombre que siempre había soñado conocer.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La edad de la inocencia. - DUETO-

Dueto escrito con mi admirado poeta José Antonio Fernández. Su blog: http://joseantoniofs.blogspot.com/ . Gracias por alternar conmigo en este apasionante juego de letras.
Cada párrafo diferenciado según el color.


Humor de una corteza dilatada,

licor que se escurre en los conductos,

se expanden las ranuras ante el remojo de esa pócima

-impostergable celo que fundirá el cristal-.

Gotea el suero de las puntas

ante el saliente del leño en su fruición,

se dilatan las cuevas impregnadas de quejidos,

de ruegos licuados en satín.

¡Pétalos sobrepasados de aroma,

buscan el surco de un pulgar!



Viene ávida y doblegada

con ese labio púrpura

y acogedoras formas de una nota,

sin conocer las consecuencias

de tan osada pose; sabe abrir

la flor de su esqueleto, adecentado

con talco lila y logra apaciguar

la calma rota, el roce del temblor

que le descose los lunares

buscando apoyo en una elipse.



Todo estorba y nada pesa

en ese enjuague de apetitos,

marea de piel desenredada,

lanza al fuego las partículas de néctar

en ataques secretos hacia el mástil

-esa mandíbula implacable que le espera-.

Crisálida condenada a la erupción,

al vuelo libre en atmósferas de grito,

a la entrega inevitable de su cáscara,

escama desértica,

fuente codiciosa de humedad.



Mientras, espera que su fantasía,

esa forma imprevista que acuchilla el sopor,

que le muerde el lóbulo,

que la cubre de hermosas hebras,

suplicantes burbujas explotadas,

deje libre el camino a sus torrentes

y apaciguado el grito

recoja las puntitas de tentáculo

de su piel despegadas,

busque la horquilla que le falta,

se atuse el pelo descosido

y ya, contenta y satisfecha,

vuelva a elegir la parte interna del cristal.


martes, 7 de septiembre de 2010

Edifico en el tiempo para una bienvenida

























Esperarte,



tiene un sabor a cosecha madurando,


entre unas horas que presagian luz,


esperarte


es construir con fantasías ese final feliz,


establecer que tu sonrisa es el horizonte.






Me gusta esperarte,


porque cuando llegas,


hay nidos por todas partes


y en ellos nos desbordamos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Diccionario de erosiones


Así estamos,

en este territorio que nada pide

y nada ofrece,

como en una silueta suspendida,

sobre ese declive indivisible.



Hemos aprendido

a ajustarnos fuertemente las bridas,

a diluirnos en pequeños escenarios,

en la tacita de café,

o en la cita del martes.



Mientras tanto,

en el cementerio de axiomas,

agonizan las floraciones.

domingo, 22 de agosto de 2010

Titular de dominios recién sosegados

























Para habitarme,



tuviste que colonizar todas las luces,


todas las sombras,


y poblar el espacio


donde se empecina un río.






Te vi acercarte,


con el oleaje más inverosímil,


traductor de incendios,


expedicionario insistente;


no supe con qué ancla


detuviste mi delirio.






Lo cierto es que esparces un cimiento,


una matriz de infinito,


y de pronto no tengo más hogar


que el espectro de tu mano


-esa curvatura perfecta-.

martes, 17 de agosto de 2010

El último minuto sin tu nombre.

Quizás hayas ido y venido muchas veces



en los interrogantes del mediodía



o en los párpados de lo intangible,



acaso te conozco de sobra sin saberlo



o te huyo en circunferencias múltiples.







Lo cierto es que me aferro a tus líquidos,



cuando en este carrusel de bocas secas



me ataca la ceguera,



la epidemia de vacíos.







Eres péndulo en mi sombra,



la imagen que refleja el sueño.







Te imagino en letanías de regreso,



-como un imán sediento-



y lamo esa búsqueda



en mi piel inacabada.


jueves, 12 de agosto de 2010

Alegato ante la junta de psiquiatras





















Escucho las razones,



la forma como quieren engarzarle


las bridas aceradas a la curvatura de un aroma ,


eso creen,


que pueden encajar en una horma,


en esa fantasía que les salva de sí mismos.


Cuánto habrán de sufrir las sombras


cuando la luz es tan firme,


tan determinante en las siluetas.


Ellos saben que mi libertad es el tiempo y también mi cadena,


que hace siglos camino desnuda,


con la carne sangrante,


sin párpados


y sin poder cerrar las manos.


Me entiendo,


me conozco,


no quiero cambiarme por sal o por arena,


busco el agua,


ahí donde me llama el oro,


y ellos,


ellos se ven tan perdidos


aunque creen que tejen filigrana


y se ahogan en sus burbujas,


-tan indefensos-.


Hace tiempo que cambié la sonrisa por el silencio


y por eso,


ellos se paralizan,


el hueco les desconcierta.


Pero yo no entiendo a los puentes


pues le he visto el corazón a las piedras,


tampoco los lloro ni los compadezco,


pienso que son felices,


sí,


increíblemente felices,


tan dueños de los misterios,


de las fórmulas.


Yo en cambio,


no tengo ninguna respuesta,


creo que falta mucho para que alguna pregunta la tenga,


todo lo que veo es caos,


maravillosa anarquía


doblegada por sucias creencias,


por ingenuas teorías.


Sí,


no creo en los puentes,


en nada que no tenga locura,


en nada que no vuele.

domingo, 25 de julio de 2010

TRES POEMAS

TESTIMONIO EN GRITO SOSTENIDO


Eres todo desbordado de pasiones,

de palabras.

Te brotan manantiales

y estás pleno de cánticos

como una caracola.

Ven.

Te convido a transformarte en un destello,

a atrapar nuestro jardín,

a hacer poseso el vino con una espada malva

-a eso de las seis-.



Yo te conjuro a la eternidad,

iremos mas allá de esta frontera:

te propongo

un abuso sostenido de ilusiones.



Te invito,

a la marea roja de las venas,

a capturar la sorpresa de hoy, un remolino,

mañana, un lago oceánico.



Vamos naciendo pronto

en este cumpleaños sin tiempo.

Iremos caminando

por el filo de una idea

-por cristales sonoros-



Mientras tanto,

tañerá la música,

los frutos maduros

cayendo en la miel.



Eres todo hecho de vientos,

de rebeldes arrecifes.

------------------------------------


LA IMPOSICIÓN DE UN DESIERTO



He amasado la noticia de las piedras

y me ha violado el ácido de los riscos,

así de insensata es la seda,

así de sospechoso el estruendo.



Quién hubiera creído ese redoble,

que alguien molería el vidrio del abrazo,

con tantas credenciales lamiendo residuos,

rociando huesos entre los mármoles.



¿ Alguna vez se entendieron los cinceles?

¿Acaso las fórmulas ahorcan?



Mejor es destrozar las lenguas,

la luz jamás se bebe los relojes

y en ese hueco baila el asco.



La carroña sin destino.

-------------------------------------



LET IT BE



Caldera viva de miel y fuego,

pira donde ensarté el puntal de mis caricias,

allá por los años del sembrado,

cuando los filos esculpían la hoguera.



“Let it be” al atardecer,

en las cuerdas de aquella guitarra,

la caricia de unos dedos les doblaba el alma

y un canto de hombre extraía mi rubor.



“Let it be” eterna en lo infinito,

péndulo con vahído de emoción,

siempre río en las rutas de lava.



“Let it be” herida fina,

vapor de beso,

recuerdo,

retorno,

remedio.