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domingo, 28 de marzo de 2010

CUARTO DE REFULGENCIA Y OPACIDAD


























He llegado hasta este foso nocturno,



como meta tras mi escalera de aflicción,


a buscar en tu baúl húmedo un resquicio de blando musgo


donde inventar una mano que me sostenga.






Ya sé que tu brea y tu ámbar


son espejos de mi penumbra, nada más,


que es mi sueño el que nos inventa,


como mano y caricia,

 
que tal vez sólo vengo a mirarme en este retrato


tan parecido a mi piel de sombra.






En tu jeroglífico


descifro las unturas de muchas almas,


los tiempos en que les robaste trozos de lágrima


para colgarlos en tus muros de tiniebla.


Yo también he venido


a dejar mi tributo entre tus venas.






Por el vidrio


resplandece el bordado de la luz en el estertor del día,


ese ojo ambivalente que adentro es consuelo y afuera esperanza,


es tu forma de anunciar un futuro de salidas,


                                      un augurio de puertas.



Pero hoy no voy a fundirle el bronce a ninguna abertura,


quiero descansar en tu vientre eclipsado,


que mi sueño, entre espirales y vaivenes, atraiga el olvido


y luego, si todas las sombras compactan su niebla,


buscaré ese pasadizo y su promesa.

jueves, 18 de marzo de 2010

REFLEXIONES DE CAPERUCITA ROJA


Desde que salí de la casa estaba destinada al fracaso.

De antemano mi madre me había sembrado una terrible inseguridad.

Me sentía débil y vulnerable y desconfiaba de todos.

No tenía la capacidad de decidir por mí misma qué camino tomar, ni con quién relacionarme.

Todas estas falencias eran producto de lo poco que la sociedad me había dado, en mi pobre condición de mujer. Era como una muñeca de trapo, muy bien hecha y adornada, de hecho, con la caperuza roja me veía perfectamente como el adorno útil y bello destinado a ser.

La vida de cuerpo entero no era cosa de niñas, de mujeres. Nosotras debíamos seguir siempre por el camino diseñado por otros, en un limbo de ignorancia que facilitara nuestra misión de obedecer, cumplir, parecer, pero jamás arriesgarnos a nada, nunca a opinar o a proponer: “Cuidado con desviarte del camino” “no hables con extraños”, eran las consignas que llevaba en mi equipaje como lápidas infames que aseguraban al mundo mi inutilidad e insignificancia.

Así salí de la casa esa mañana, como una minusválida para distinguir entre el bien y el mal; una especie de idiota o de incapacitada mental. No debía arriesgarme a interactuar con nadie porque tenía que desconfiar de mí misma, de mi capacidad de defenderme o de autoprotegerme.

Sí, qué pocas capacidades tenía para enfrentarme al mundo y por ende, nulas eran las posibilidades de que en el cuento terminara siendo yo la heroína y no la víctima.

Efectivamente así sucedió. El lobo me engañó.

Cómo no iba a hacerlo, si mi madre nunca me había hablado de los engaños que pueblan la tierra. Hablar de la maldad del mundo no era cosa de mujeres, no nos incumbía o podíamos contagiarnos de ella, nosotras, los seres puros destinados a la virginidad, a la virtud. Mi progenitora solamente me había dado órdenes que cumplir, nada de discernimiento, ni de capacidad de análisis, no tenía habilidades para la argumentación, apenas pasaba del “sí, señora” o del “no, señora”.

Luego, qué poca esperanza me quedaba para el resto de la vida:

El lobo también engañó a mi abuela.

Esa anciana era una mujer que ya había transcurrido por toda una vida, y no obstante, seguía siendo un pobre ser vulnerable y de poca inteligencia. Fue presa fácil del lobo y sin mencionar que el lobo era un pobre animal. Una criatura que estaba más abajo en la escala de inteligencia que los humanos y aún así, superó con una astucia elemental a esa pobre y bruta criatura llamada “mujer”.

Al final del cuento, y como era de esperarse, apareció el hombre, el héroe de la tierra, el cazador, el salvador. Qué hubiera sido de nosotras sin este titán, sin este dios que libraba a la tierra del mal, de los peligros y del cual debíamos depender si queríamos vivir seguras y a salvo. Qué claro quedó en este cuento que necesitábamos al macho para que fuera todo aquello que nosotras no podíamos ser y para que actuara y obtuviera los logros y las victorias que nosotras nunca podríamos lograr.

Hoy, cuando mando a mi hija a la casa de la abuela, ella lleva además del canasto con panecillos, una escopeta que sabe disparar con más destreza que el mejor de los cazadores. También lleva un mapa que ambas hemos estudiado a fondo, con todos los caminos disponibles para llegar a la casa de la abuelita. También le he enseñado a identificar a un lobo y es más, conoce a fondo completamente a todos los especímenes de la fauna, con sus defectos y virtudes. Mi hija no tiene instrucciones de no hablar con desconocidos porque ella sabe muy bien defenderse de todas las formas posibles y qué acciones tomar en los casos de peligro.

Cuando se despide, la veo alejarse a paso firme, contenta y sin temores.

Y...¡ah!...nunca se pone esa estúpida caperuza roja, a ella le gusta portar una chaqueta de cuero fino, con cuello de piel de zorra.

domingo, 14 de marzo de 2010

CUENTO DE ÁNGEL, MIRADA Y RECUERDO.


















No podía pensar en nada más que no fuera en tus ojos cuando éramos niños.

Además de que vivíamos en la misma casa, tú eras mi prima favorita pues teníamos casi la misma edad y por ende, ese factor nos hacía cercanos, como pueden serlo dos hojas caídas de una misma rama jugueteando divertidas al viento.

Me gustaba mirar tus ojos: esos dos cristales color aguamarina dentro de los cuales no parecía haber fondo alguno si no un firmamento infinito donde me gustaba perderme. En muchas ocasiones te cansabas de mi acoso a tus pupilas y me empujabas para que no siguiera al frente tuyo imbuido en mi permanente fascinación. Entonces te escapabas corriendo y yo te perseguía entre gritos una veces divertidos, otras un poco aterradores de tu parte, pues siempre te ganaba la carrera. Luego, no tenías más remedio que dejarte aprisionar por mis brazos mientras mis manos sujetaban tu cabello para mantener tu cabeza firme en el suelo y yo podía superponer mis ojos sobre los tuyos en mi deseo infinito por entrar en su marea tornasol.

Otras veces, me gustaba mirarte mientras mirabas. Esas dos lumbres destellaban en el espacio y yo veía suaves rayos iridiscentes que se desprendían de tu retina y se posaban suavemente en el horizonte. Nunca supe por qué podía ver con tanta claridad esa luz de mar flotando como cinta encantada por el aire. Tal vez era un poder que solamente yo tenía o tal vez era la fuerza de la imaginación desbordada que todo niño de 5 años puede tener.

Recuerdo la vez que partiste un espejo con el rayo de cristal de tu mirada. Era el mismo espejo frente al cual me miraba todos los días de mi corta vida preguntándome por qué mis ojos eran negros como un abismo y como el de todos los seres humanos que hasta el momento yo conocía y no del color de una piedra preciosa como los tuyos. Alguna vez le hice la misma pregunta a mi madre y me contestó que esos ojos eran la marca que dios imprimía a los ángeles cuando les era permitido bajar a la tierra.

Desde entonces, adicioné la reverencia a la admiración que me causabas. Y me gustaba disfrazarte de ángel, poniéndote todas las ropas de color azul o verde que encontraba en casa. Te hice un trono con madera y hojas verdes y con todas las hortensias azules que arranqué frenéticamente del jardín. Me gustaba verte ahí sentada, irradiando suavemente tu mirada de agua, mientras imaginaba que ya no estarías triste de no ser un ángel del cielo.

Cuando partiste el espejo, recogí con cuidado sus pedazos y los coloqué en una cestita que de antemano había pintado con las acuarelas de mi madre simulando un río de esmeraldas y te la entregué diciéndote que esos pedazos de cristal eran tu cielo perdido, al que retornarías alguna vez para volver a ser ángel.

Tú me escuchabas con todo el poco juicio que una niñita de 4 años puede tener y me sonreías inocentemente, pero cuando sonreías, el destello de tu mirada se hacía chispas, multitudinarias partículas de firmamento que colmaban el aire de la habitación con tal magnitud que muchas veces hasta me costaba respirar pues se me introducían por las fosas nasales o por la boca, como mágicas lenguas de colores de mar. Era algo sofocante para mí, pero aún así, no podía escapar al placer de su encanto, así corriera el riesgo de morir en esa nube mágica.

Aún así, todo podía soportarlo menos la encendida avalancha de corrientes marinas que se desprendían de tus pupilas cuando llorabas. Entonces, era agua esmeralda la que inundaba todo a su paso, líquido hirviente que arrasaba con su sangre azulosa y su viscosidad de algas. Yo no sabía nadar y por eso temía grandemente tus lágrimas, pues si el llanto se prolongaba demasiado, la marea se hacía peligrosa y amenazaba con ahogarme. Esa era la razón por la cual yo siempre me esmeraba con todo mi empeño en no contrariarte nunca, en que fueras todo el tiempo feliz y jamás lloraras.

Hoy, cuando ya soy un viejo, pasados tantos años, no pasa un solo día sin que algunas horas las dedique a ese par de arco iris que fueron tus ojos y son muchas las veces en que quisiera rescatarlos de aquellos tiempos para nombrarlos míos y sentir de nuevo el éxtasis inimaginable de su embrujo.

Cuánto me duele haberlos perdido tan rápidamente. Que no hayan sido magia si no por esos cortos años.

Me duele el momento en que decidiste no volver a abrir los ojos nunca más. Los esfuerzos sobrehumanos que todos, familia, amigos, doctores, brujos, desconocidos, hicimos para que tus párpados de niña se abrieran de nuevo, sin poderlo conseguir.

Mucho más me hiere recordar la mañana en que fuiste capaz de sacarlos de sus cuencas con uno de los trozos de espejo que te había regalado en aquella cestita. No podré olvidar jamás el momento en que apareciste en la sala con dos chorros de sangre en lugar de ojos y éstos palpitando entre los trozos de espejo de la cesta, como un par de estrellas derribadas dando sus últimos destellos.

Nadie sabe por qué lo hiciste. Nunca escuchamos ni una sola palabra de tu parte para explicarlo, ni en ese momento, ni nunca después, cuando paseabas tu humanidad de ciega torpemente por la vida.

Tal vez te habías cansado de ser un ángel sobre la tierra.

viernes, 12 de marzo de 2010

DEFINICIONES


Envidia:

Mediocridad disfrazada de odio.


Amor:
Estado obsesivo compulsivo referente a una persona específica generalmente del sexo opuesto y que se cura espontáneamente con el tiempo.




Odio:
Estado obsesivo compulsivo referente a una persona específica de cualquier sexo y que se agrava con el tiempo.


Perdón:
Figura que se adopta para encubrir agotamiento o incapacidad de castigar u obtener revancha del enemigo.


Amistad:
Relación humana que mantiene el vínculo permanente entre personas no emparentadas y que por lo tanto funciona muy satisfactoriamente.


Verdad:
Enunciado en desuso que pretende ajustarse fielmente a la realidad.


Mentira:
Enunciado comunmente utilizado para lograr todo tipo de objetivos, parecido a la verdad pero al revés.

miércoles, 10 de marzo de 2010

VIAJE AL GRITO







Tengo que esparcir mi vaivén


por el trayecto infinito que nos parte,


tengo que romper esa coraza


para aruñarte con mi almíbar.






Te siento detrás de las aldabas,


acechante,


con tu licor derramado,


con la sed colgada de un surtidor,


mientras me pintas el vientre de agua espesa,


acaricias mis labios con serpientes,


y en la hondura clavas tu dedos.






Ya sabes que voy a alcanzarte,


sabes que he colocado en cada esquina mi consigna,


mi ruta de desfogues y de géiseres,


sabes que mi metal fundente


llegará a ese humo sutil de tu recodo,


al portal de tu cometa.






Aún así, quiero que sepas,


con el dolor que implica un trayecto sideral,


que no soy tuya más allá de esas fronteras,


aunque tú seas todo para mí,


más que todo.

 
 

domingo, 7 de marzo de 2010

8 de marzo de 2010

























El poder te teme,



encierra tu oro,


tu estrella


y te silencia,


-camuflaje de su debilidad-.






Inquisición soterrada,


cadenas que te cuelgan cual medallas de triunfo,


en tu pequeña cárcel ,


donde te obligan a construir sonrisas.






Toma tu materia prima de lágrimas


y construye con ella una armadura,


luego invéntate,


con tu verdadera sal


y tu agua.






Al final, calla los gritos


y susurra


con el reflejo lunar de tu esencia.




Nace mujer


que aun nadie te conoce.


.......
Suficiente esclavitud...
¡No me vuelvo a pintar las uñas!


Transparente marfil
maleable materia con corazón coraza.

Sea para el mundo tu belleza.

Mi vanidad será que existas,
cual estandarte natural.
Me marques los linderos
con tu brillo de piedra.


miércoles, 3 de marzo de 2010

¿WO BIST DU KALLE?

Karneval in Philippsburg por Karl-Willi Winter

¿Dónde estás amigo?



Se me perdió tu voz en el octubre del facebook,

y pasó el invierno sin tu luz en la red,

no noté en Navidad que tu palabra faltaba,

no percibí el hueco que me partía.



Pero luego tu ausencia fue golpe,

(en la selva virtual nadie repite tu nombre)

tu perfil se borró sin dejar un adiós,

sin señal,

sin respuesta.



Esta grieta de océanos me duele Kalle,

las débiles raíces de este mundo virtual,

me hiere el silencio que se ríe girando,

sentirme aprendiz a costa de tu huida.



Voy a recoger tu herencia

de minutos comprimidos en el chat:

tu música,

los chistes,

las fotografías,

el libro de tus viajes,

y el ensayo histórico.



Me quedará doliendo

la trampa que es esta pantalla.



Me quedará doliendo

no saberte vivo,

no llorarte

si estás muerto.