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miércoles, 25 de agosto de 2010

Diccionario de erosiones


Así estamos,

en este territorio que nada pide

y nada ofrece,

como en una silueta suspendida,

sobre ese declive indivisible.



Hemos aprendido

a ajustarnos fuertemente las bridas,

a diluirnos en pequeños escenarios,

en la tacita de café,

o en la cita del martes.



Mientras tanto,

en el cementerio de axiomas,

agonizan las floraciones.

domingo, 22 de agosto de 2010

Titular de dominios recién sosegados

























Para habitarme,



tuviste que colonizar todas las luces,


todas las sombras,


y poblar el espacio


donde se empecina un río.






Te vi acercarte,


con el oleaje más inverosímil,


traductor de incendios,


expedicionario insistente;


no supe con qué ancla


detuviste mi delirio.






Lo cierto es que esparces un cimiento,


una matriz de infinito,


y de pronto no tengo más hogar


que el espectro de tu mano


-esa curvatura perfecta-.

martes, 17 de agosto de 2010

El último minuto sin tu nombre.

Quizás hayas ido y venido muchas veces



en los interrogantes del mediodía



o en los párpados de lo intangible,



acaso te conozco de sobra sin saberlo



o te huyo en circunferencias múltiples.







Lo cierto es que me aferro a tus líquidos,



cuando en este carrusel de bocas secas



me ataca la ceguera,



la epidemia de vacíos.







Eres péndulo en mi sombra,



la imagen que refleja el sueño.







Te imagino en letanías de regreso,



-como un imán sediento-



y lamo esa búsqueda



en mi piel inacabada.


jueves, 12 de agosto de 2010

Alegato ante la junta de psiquiatras





















Escucho las razones,



la forma como quieren engarzarle


las bridas aceradas a la curvatura de un aroma ,


eso creen,


que pueden encajar en una horma,


en esa fantasía que les salva de sí mismos.


Cuánto habrán de sufrir las sombras


cuando la luz es tan firme,


tan determinante en las siluetas.


Ellos saben que mi libertad es el tiempo y también mi cadena,


que hace siglos camino desnuda,


con la carne sangrante,


sin párpados


y sin poder cerrar las manos.


Me entiendo,


me conozco,


no quiero cambiarme por sal o por arena,


busco el agua,


ahí donde me llama el oro,


y ellos,


ellos se ven tan perdidos


aunque creen que tejen filigrana


y se ahogan en sus burbujas,


-tan indefensos-.


Hace tiempo que cambié la sonrisa por el silencio


y por eso,


ellos se paralizan,


el hueco les desconcierta.


Pero yo no entiendo a los puentes


pues le he visto el corazón a las piedras,


tampoco los lloro ni los compadezco,


pienso que son felices,


sí,


increíblemente felices,


tan dueños de los misterios,


de las fórmulas.


Yo en cambio,


no tengo ninguna respuesta,


creo que falta mucho para que alguna pregunta la tenga,


todo lo que veo es caos,


maravillosa anarquía


doblegada por sucias creencias,


por ingenuas teorías.


Sí,


no creo en los puentes,


en nada que no tenga locura,


en nada que no vuele.