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sábado, 12 de febrero de 2011

EL TIEMPO A LAS 18:00 HORAS















No lo hallamos


cuando cae la fruta sin su grito,

no está

en la saturación de las miradas,

simplemente es una linea en su obsesión,

-una mandíbula intocable-.



Nada tiene que ver

con la mueca deforme del espejo,

-todo obedece a un viaje sin retorno-

pero nos gusta acaparar esas mentiras,

colgarlas en las murallas del éter.



Al amanecer,

parece que todas las ventanas hablaran,

le creemos a esa canción en el mármol,

luego,

nos pesa mucho el retroceso,

la tragedia absoluta de la sombra.



¡Cuánto dejamos!



Tal vez nada.



¡Tal vez por eso es mucho!



Tanta semilla supuesta.

¡Tanta, que se torna cimiento!



Como hacer

para retroceder el laberinto,

para que hable al fin

alguna ley.



Es mejor

no salir del escenario.

Cuidado.

El olvido

está detrás de las paredes,

cuando la tarde

trae su hora gris.