StatCounter

martes, 31 de mayo de 2011

HISTORIA DE UNA HISTORIA


No sé desde cuándo

empecé a despertar a tu lado,

en qué instante

me dejé invadir por la hiedra

y te acomodé en ese rincón mágico de mi lecho

donde todo es posible,

en ese jardín efervescente

que es ciego a todos los absurdos.

Porque desde entonces,

siento que mis pensamientos tienen vida propia,

son como duendes burlones

que se escapan obsesivos

a soplar en el borde de tus pantalones,

otras veces les gusta confundirse con el aire

y simular aromas incomprensibles

esos que cosquillean en tus labios

y te hacen volver la vista a buscarlos

sin saber que me buscas a mi

llevada a rastras

muy a mi pesar

hasta tu piel

y tú

sabiendo que estoy contigo

sin comprenderlo

sin verme

apenas presentida

olvidada

tal vez.

--------- 0---------


(Un intento de la nueva “poesía narrativa”.

¿Eso qué es?

¿Se terminó la poesía?)

domingo, 22 de mayo de 2011

VISCOSIDAD IRREFRENABLE


Sabes que somos como reptiles
deslizándonos siempre
sobre este tapete
viscoso y dulce,
a la caza de alguna gota
que le suelte canales
a nuestra sed.

Y el tiempo
impotente ante las barricadas de palabras
ante ese derroche de frutos del Sur
y aromas ecuatoriales.

Cuánto poder curativo
en esas pócimas.

Reptiles.
Silenciosos.
Hinchados de tejidos.
Volátiles.


viernes, 6 de mayo de 2011

Costurera


Esta noche,

 
mis ruedas giran


mientras arrullan el sueño del mundo


y yo giro con ellas,


apuntalando rutas en filamentos,


ansiosa de pieles


para cubrir otras pieles,


-como frutos en los frutos-



Hay algo de nido en este rincón,


lo fertilizo con retazos


-no sé si de fantasía o de lana-


Llegan tantos

a buscar mis manos contra

esa desnudez tan cierta,

para camuflar las cicatrices

que se amontonan en espejos

y en armarios.

Sobre mi anaquel,

los velos premonitorios

de promesas que la vida

va cumpliendo;

el oro se transforma

en botones,

en la sonrisa de un ajuar.


Algo de mí insinúa el mundo


cuando ondulan sus abrigos.



Así la voces callen,


mis puntadas no pierden


esa sed de revolverse


en cuerpo ajeno.