
Los Girasoles de Van Gogh Pongo sobre mi cara la seda del cuadro , me acarician sus dedos tibios, tan alejados de la muerte. Huele a lapislázulis en azúcar, a trementina de abril, a una copa con perfume en sus grietas. Muerdo su piel tan amada, lamo el rancio aliño de su otoño. Percibo que el sabor de una pared es dulce cuando está triste, que es agria una flor y sin orgullo cuando es pintada por un loco. Puedo escucharlo lloriquear por las esquinas, es ahora muy anciano y ya no reconoce las caras de quienes lo admiran. (Los cuadros quieren ser olvidados, quieren morir como todo lo que es bello). Hay vino adentro del jarrón, contiene un sabor de labios. Labios que sufrieron en primavera. Licor que a medianoche cae sobre otros licores errantes, y se convierte en lágrimas. En lágrimas de Van Gogh que los pinceles no dibujaron...