StatCounter

domingo, 26 de mayo de 2019

CRÓNICA DE UN SECUESTRO


UN SECUESTRO PRESENTIDO
      
CAPÍTULO 1
Ese secuestro, lo presentí; exactamente una semana antes: sentada en la banca de la capilla donde mi hija y todos sus compañeros de colegio celebraban su primera comunión, miré las dos únicas puertas del recinto e imaginé guerrilleros entrando por ellas y secuestrando a todos los padres de familia. Sería una misión relativamente fácil, pensé. Yo también formaría parte de su botín. Yo, que tengo tan poco… Eso me pasaría por educar a mis hijos en un colegio de ricos…
En medio de pensamientos tan negros, el cura lanzaba una homilía que más bien parecía un regaño. Vociferaba: Esta primera comunión de sus hijos no sirve de nada, si ustedes como padres de familia, salen hoy de aquí y continúan su vida de desatención a la iglesia y a sus preceptos, dándoles mal ejemplo.
Al fin escuchaba a un sacerdote hablar en términos que herían la inconsistencia humana, lejano de esa retórica de siempre que parecía pasar de largo por nuestra cotidianidad. Recordé que hacía más de dos años no acudía a la misa dominical y me propuse regresar, como pecadora arrepentida, a partir de la siguiente semana, firme y con toda la familia a bordo.
Y así fue.
El siguiente domingo, recordé a todos las sabias palabras del sacerdote, y los arrastré muy puntuales para asistir a la iglesia. En solemne desfile llegué a mi destino con casi toda mi familia: mi esposo y mis dos hijas pequeñas de 10 y 6 años. El único que faltó fue mi hijo mayor porque tenía amigos invitados en casa y a éstos no podía obligarlos a ir donde no querían. Llegamos temprano, así que encontramos un buen sitio para acomodarnos y sobre todo, para fisgonear mientras iban entrando vecinos, amigos y conocidos que hacía mucho tiempo no veíamos.
Todos se fueron acomodando en las sencillas bancas de tabla, bajo la escueta ramada de tejas de barro, en cuyo frente estaba el altar que no era más que una maltrecha mesa de madera. Una iglesia poco convencional para uno de los barrios considerados "pudientes" de la ciudad, comúnmente llamado “Pance”. Todos sabíamos que esta especie de quiosco donde se acostumbraba celebrar el rito religioso era algo transitorio, hasta que se recaudaran fondos suficientes para iniciar en firme la construcción de la iglesia “La María” en el terreno adquirido un tiempo atrás.
La celebración eucarística comenzó y no supe bien si sentía orgullo o repugnancia ante el extraño sentimiento que me invadió al sentirme de nuevo formando parte de la grey de Dios, los buenos del barrio, los ciudadanos ejemplares que cumplen con sus deberes religiosos.
Nunca podré evitar sentir que todos estos aspavientos de la gente me parezcan actos de una exacerbada hipocresía”.  En esas estaba, como siempre con mis pensamientos lejos, muy lejos de dónde pretendía estar, cuando -como brotando de una escena recientemente presentida-, irrumpió en la pacífica escena dominguera, el alboroto de hombres uniformados de camuflado, portando metralletas y que nos rodeaban gritando: Somos del ejército. No se asusten. ¡Estamos aquí porque hay una amenaza de bomba! ¡Todos deben salir ahora ordenadamente del sitio!
Lo inmediato que hice fue acudir a la consabida fórmula para distinguir guerrilleros de militares y les miré las botas - ¡de caucho reluciente!-  por lo que no había ninguna esperanza; mi presentimiento de la semana anterior, como una víbora de mil cabezas, había comenzado a tomar forma real: eran guerrilleros y nos iban a secuestrar.
Mientras corría hacia la entrada de la iglesia, le grité a mi esposo: ¡Son guerrilleros, salgamos rápido de aquí, nos van a secuestrar!  Pero como en una película de terror, mi esposo y mis dos hijas estaban paralizados y no se movían ni un ápice a pesar de mis reiterados gritos. Los veía como si estuvieran en otra dimensión a la cual no podía acceder. Congelados en una escena fatal de la cual ya no podríamos salir.
CAPÍTULO 2
Cali, Colombia. Domingo 30 de mayo de 1999. Hora aproximada: 10 de la mañana.
Estos fueron los primeros instantes del secuestro masivo más grande de la historia colombiana, cuando los pupilos de alias “Mono Sergio” (Carlos Cabrera) comandante del grupo guerrillero ELN tomaron como rehenes a más de 150 personas.
Dado que era la primera vez que un hecho como éstos sucedía, el impacto de esta noticia fue muy grande, incluso a nivel mundial, y mucho más lo fue para quienes ese día de repente perdimos nuestra libertad. Era algo muy difícil de creer. Nos han enseñado que solamente los delincuentes merecen tal suerte.
A partir de esos primeros momentos, mi vida empezó a transcurrir en “cámara lenta”, al tiempo que la percibía lejana de mí misma. No es lo mismo decidir en libertad que a merced de una voluntad ajena. Para cada acto de tu vida, tienes que esperar que sea otro quien decida o apruebe y en eso radica esa percepción de desaceleramiento.
De repente, me vi en medio de una total confusión y con mis dos hijas tomadas de la mano. Se escuchaban las órdenes de los guerrilleros, los murmullos de la gente que iba de un lado al otro sin saber qué hacer. Recuerdo como un suceso casi surrealista que, a esas alturas, una mujer que había escuchado mis gritos vino a tranquilizarme: “No se asuste señora, son del Gaula, vienen a ayudarnos por la amenaza de bomba”. Le grité: ¿cuál amenaza de bomba? ¡Fíjese bien, son guerrilleros!
Buscaba a mi esposo, pero no volví a verlo.
Lo primero que se me ocurrió, lógicamente, fue intentar escapar.
Salí a la entrada de la iglesia y vi dos camiones estacionados en reversa exactamente frente a ella. Sus dos puertas traseras abiertas de par en par, parecían dos bocas de tiburón en espera de su presa.  Mi casa estaba solamente a una cuadra del sitio. Estaba tan cerca, casi podía mirarla desde donde estábamos, pero qué lejana estaba ahora, inalcanzable ante la presencia de un acordonamiento de guerrilleros que formaban en la calle una herradura humana imposible de penetrar. Por un momento pensé en correr; tal vez no se atreverían a dispararme por llevar a dos niñas pequeñas conmigo, pero era algo muy peligroso, no podía tomar tal riesgo. Mientras tanto, por el rabillo del ojo vi que los guerrilleros habían empezado a subir gente a los camiones. Fue algo muy extraño, pero en ese momento la conciencia acerca del resto de personas se perdió. Era como si los demás hubieran desaparecido y éste fuera un asunto exclusivo entre los atacantes, mis dos hijas y yo. Entré de nuevo a la iglesia para mirar si había otra forma de huir. 
De repente la algarabía de la situación fue rota por disparos que se escuchaban provenientes de varios puntos. El pánico se hizo mayor y ni siquiera quise mirar de dónde o por qué estaban disparando. No quería agregarle más tensión a mi pobre espíritu ya casi aniquilado por la angustia.
Miré debajo de los autos, esconderse ahí podría ser una alternativa, pero tampoco me arriesgué, era una acción demasiado aparatosa que sería fácilmente detectada por los secuestradores.
Observé los linderos de la iglesia con las casas vecinas, estaban conformados por un cerramiento de alambre de púas reforzado por una hilera muy tupida de swinglias, así que tampoco era una vía de escape. Me encontré en esos momentos con una amiga que vivía exactamente al lado de la iglesia y que parecía estar buscando una salida al igual que yo. Le comenté: no veo por dónde escapar… Me respondió: Yo tampoco; no hay por dónde… Luego supe que ella, una mujer muy menuda, se escondió entre las swinglias y permaneció allí muy quieta hasta que todo terminó, salvándose.
Ya no sabía qué más hacer. Me sentía impotente.
Habían pasado ya unos 15 minutos.
Miré a mi alrededor y con terror me di cuenta de que ya casi nadie quedaba en tierra. Las personas estaban desapareciendo en el interior de los camiones y un estremecedor silencio empezó a inundar el sitio.
Uno que otro guerrillero husmeaba por los alrededores, y con cierto desconsuelo, vi cómo estaban mirando también debajo de los carros parqueados de los feligreses, ahí dónde había pensado esconderme.
Mi corazón se retorcía en mi pecho, me faltaba el aire.
Un guerrillero me empujó hacia uno de los camiones. Empecé a rogar. Era mi último recurso. Les suplicaba: ¡no me lleven!, ¡déjenme aquí con mis hijas!, ¡por favor, no me lleven! Entiendan que son dos menores de edad y me necesitan. ¡Tengan compasión de ellas y de mí! Ustedes también deben tener hijos pequeños, primos, niños en sus familias. ¡Tengan piedad de nosotras por favor!
Solamente quedábamos el sacerdote, ellas y yo fuera de los camiones.
Mis ruegos resonaban en el silencio circundante como una campana moribunda.
Uno de los guerrilleros me dijo: Señora, la orden es llevarnos a todo el mundo. ¡Suba al camión!  ¡No podemos dejar a nadie aquí!
Yo me resistía a subir y continuaba con mis ruegos. ¡Suba! Me gritó el hombre con su paciencia desbordada y, como yo seguía negándome a subir al camión, empezó a disparar su metralleta muy cerca de mi oído. En ese punto, escuchar el traqueteo del arma cerca de mí, no pudo agregarle un grado más de miedo a la situación, así de grande era ya mi terror. Lo que sentí en ese instante fue una inmensa desazón, pues no me quedaba más que obedecer. No había sido capaz de hacer nada por mis hijas y de ahora en adelante iban a ser expuestas a esa terrible experiencia.
Las ayudé a trepar al camión, que estaba atestado de personas. Finalmente, subimos el sacerdote y yo. Los guerrilleros cerraron la puerta trasera del camión y la cubrieron con la carpa que abarcaba toda la carrocería. Quedamos en casi total oscuridad, sin aire suficiente para respirar. Éramos más de 70 personas hacinadas en un camión de tamaño promedio. Nadie decía nada. Se escuchaban jadeos.
De pronto, se prendieron los motores de los camiones y éstos comenzaron a moverse.

sábado, 23 de junio de 2018

ANTOLOGÍA GANADORAS GRAN PREMIO EDICIONES EMBALAJE ENCUENTRO DE MUJERES POETAS COLOMBIANAS


Después de un esfuerzo arduo y sostenido de más de un año, tengo el gusto de presentar mi nuevo hijo: la antología de la GANADORAS GRAN PREMIO EDICIONES EMBALAJE ENCUENTRO DE MUJERES POETAS COLOMBIANAS. 
Veinte de las 26 ganadoras presentan una obra de indiscutible calidad poética, la cual irrumpe en el ámbito literario nacional como un aire fresco, y con un sello muy propio y original. 
Prólogo escrito por la poeta Andrea Cote Botero, que muy bien condensa la esencia del libro al escribir: “El libro invita al privilegio de lo excéntrico, atendiendo en esto a la definición del término desde la geometría: “que está fuera del centro, o que tiene un centro diferente”. El lector podrá permitirse un recorrido por un mapa de voces de Colombia, definido en primera instancia por la circunstancia compartida de tratarse de un grupo de mujeres, pero refinado por la fabulosa constatación de que en su gran mayoría las autoras de este libro escriben desde las provincias y, más allá, desde lugares excéntricos de la voz poética. Dichas voces representan tradiciones y formas del decir que existen al margen del discurso dominante, pero sin las cuales no se siente ni se entiende el pulso interno del paisaje heterogéneo de Colombia.”
Todo invitados a leer esta Antología conformada por un sorprendente calidoscopio de poetas, en el cual confluyen escritoras reconocidas y premiadas en éste y en otros certámenes, destacadas profesionales, catedráticas, investigadoras, ecologistas, dramaturgas, indigenistas, místicas y líderes sociales, con poemas que van girando por el misterio del espíritu femenino y la diversidad de lo humano, atados todos por el hilo conductor de la excelencia en la palabra.
INMENSAMENTE AGRADECIDAS CON EL SELLO UNIEDICIONES, POR SU RESPALDO IRRESTRICTO A NUESTRA OBRA, A GUSTAVO IBAÑEZ SU GERENTE, A ZEUXIS VARGAS DIRECTOR EDITORIAL Y AL POETA FERNANDO DENIS DIRECTOR DE LA COLECCIÓN ZENÓCRATE.
Igualmente, nuestro agradecimiento con las poetas Andrea Cote y Luz Mary Giraldo por respaldar con sus reflexiones y análisis esta publicación.




miércoles, 25 de abril de 2018

Poema finalista CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL "ÁNGEL GANIVET"

Con mucha alegría y satisfacción, comparto con ustedes mi  poema "Humo blanco sobre infierno", uno de los 20 poemas finalistas, seleccionados de un total de 1447 trabajos recibidos, provenientes de 35 naciones. 


HUMO BLANCO SOBRE INFIERNO
POR AMOXIS

“ACUERDO FINAL
24.11.2016
INTRODUCCIÓN
Luego de un enfrentamiento de más de medio siglo de duración, el gobierno nacional y las FARC-EP hemos acordado poner fin de manera permanente al conflicto armado interno”.

Mi pueblo tenía cuatrocientos años.

Había cumplido sus edades: recién nacido, niño, su juventud fogosa.

Los portales de mi pueblo ordenaban el color entre las flores.
Dentro del rancho, tres papas en la sopa alcanzaban para todos.
Pequeñas historias agujereaban el tiempo.

El mercado dominguero exprimía carnes, afilaba cuchillos y espantaba perros.
Las muchachas engullían muchachos con besos y saltos de potrancas.
En los campos, los cultivos y su truco en la cosecha, del verde al rojo, del amarillo al blanco, del ramo de hojas al óvalo del fruto.


Ese era mi pueblo cuando vino la vida a imaginarme, cuando no tuve otro camino
que introducir en mis pulmones su aire oloroso a caballos, aguardiente, sombreros húmedos y faldas de mujeres.

Un pueblo es un ser vivo. Ese pueblo también era mi padre, mi madre, mi hermano.
Colocaba su mano tierna sobre mi hombro cuando mi soledad dejaba de creer en la vida o expelía música desde su barro para cantar conmigo claves musicales parecidas a su alma de sencillo guayacán.

Ese pueblo no tenía puertas.

Entraban y salían los vientos lanzando palabras malditas en el terror del pecho. Los amigos entraban y salían. Entraba y salía la suerte con su vestido roto. Los sueños entraban y corríamos a atraparlos antes de su fuga.
Asimismo, los violentos empezaron a entrar y a salir hasta que un día entraron y nunca más volvieron a salir

Mi pueblo se fue llenando de tumores, fusiles, botas, insignias aterradoras.

El primer muerto dolió. Nos murió a todos un poco.
Manuel, el dueño de la tienda en la plaza. Ajusticiado por desobediencia. Su camisa en girones una nueva bandera ondeando en nuestro miedo.

Luego otro muerto. Cecilia la maestra de la escuela por negarse a irse –se murió la última canción de cuna.

Otro. Don José propietario del hato lechero, por no entregar vacas – se murió el sorbo noble en el hambre.
Otro. Jacinto. Por sapo.
Otra. Luz Dary. Sospechosa de sospechar.

Todos nos fuimos muriendo con ellos.
Con los gatos que aparecían muertos.
Con los muros que tragaban pólvora y se arrodillaban.
Con las miradas.
Con las curvas del color que iban muriendo.

Un pueblo enferma cuando su gente calla.
El silencio del oprimido es el mismo silencio de los muertos.

Mi pueblo ya no es joven.  No está vivo.  Morí hace muchos años de su muerte.

Vivo en otros lugares. Intento ser otro a quien nadie reconozca, a quien nadie interrogue.
¿Dónde has nacido?  ¿De dónde vienes?

Ahora dicen que la vida volverá a mi pueblo, que para ello se escribieron doscientas mil palabras.

Dicen que las palabras siempre han sido primero que las guerras, primero que las balas. Así mismo, que vienen después de las guerras, después de las balas. Que tienen brazos y piernas como nosotros, que podemos agredirlas, pero no vencerlas.

Dicen que doscientas mil palabras escribieron “paz”.

Desde ayer he vuelto a pensar en mi pueblo.
¿Qué diría Manuel, el de la tienda? ¿Qué estarán diciendo los nietos de Manuel?  Ellos ya no lo recuerdan con su cielo partido, viven en una esquina del infierno enrollando piedras de azufre.
¿Qué opinaría Cecilia, la maestra? ¿Qué opinaría Cecilia y la hija que se fue anónima en su útero?
Será que José, el ganadero, ¿plantará al fin su tumba en el mismo sitio donde nació?  ¿Sus huesos absorberán ahora la esencia de maíz y abrazo de la tierra?

Ellos y nosotros. Amigos y enemigos, los muertos de todas las guerras, también escribimos palabras en esta paz.
No perecimos sólo para abonar túneles de sangre ni para arañar la tierra que hoy nos perfora, morimos para gritar consignas endiabladas, para ser verdugos, revoltosos, incansables pregoneros del terror.

Son doscientas mil palabras más que se escribieron -las añadieron los muertos colombianos. Son seis millones de palabras más – las agregadas por los desplazados de esta guerra. Veinticinco mil palabras más -los desaparecidos en tierras de Colombia; y también se consignaron las palabras de seis millones de judíos, seis millones más por los caídos en Vietnam, cuatro millones de palabras repintadas por los que abonaron las guerras napoleónicas. Millones de palabras más por los que signaron muerte en invasiones bárbaras, en las guerras de independencia americana, en Siria, en Angola, en la guerra de las Galias, en la confrontación civil de España, en Corea, en Irlanda, en los siglos, en el mundo.

¿Seguiremos naciendo para que se escriba paz?
¿Seguiremos muriendo para que se escriba paz?

Seguiremos reviviendo para que se escriba paz.

Hoy he vuelto a mi pueblo.
Ya no es joven. Ahora luce adulto, convaleciente y en calma.
En su mirada recia y entristecida, puedo leer la historia de los hombres.

sábado, 23 de septiembre de 2017

INVITACIÓN A LEER




Invito muy cordialmente a leer mis poemas publicados en la Revista latinoamericana de poesía "La raíz invertida" 


Por favor dirigirse a este link:

http://www.laraizinvertida.com/detalle.php?Id=2177


domingo, 8 de mayo de 2016

MARÍA MADRE

Esta fue mi mujer.
Mi mujer volcánica.
La que amaba los remolinos.
La de un sólo ojo como dios.
Esta fue la que me invadió.
La que vino yéndose desde otras.

La que dejaré quedándome en las demás.


martes, 8 de diciembre de 2015

REVISTA DE POESÍA CLAVE

INVITO A LEER ESTA REVISTA QUE CONTIENE MAGNÍFICO MATERIAL EN ESTE LINK:

http://www.revistadepoesiaclave.com/principal



domingo, 12 de julio de 2015

Reseña de mi libro "Huecos en la luz" por el escritor Carlos Fajardo.

A continuación esta reseña, leída durante la presentación del libro en la Casa de Poesía Silva, el pasado 30 de abril.



HUECOS EN LA LUZ  DE CLARA SCHOENBORN
Casa de Poesía Silva
Bogotá, abril 30 de 2015
Por Carlos Fajardo Fajardo

La poeta Clara Schoenborn colombo-alemana, nació en Cali. Su poesía  está incluida en diversas antologías y ha publicado entre otros poemarios El amor es mi Último Veneno (2012),  Búsquedas y encuentros (2011); Los Oficios en Clave de Atenea (2011).  Obtuvo Mención de  Honor en el Concurso Nacional “La poesía de los Objetos”, convocada por la Casa de Poesía Silva en el 2012.

En esta ocasión tengo el gusto de presentarles su poemario Huecos en la Luz publicado por Ediciones Torremozas en Madrid España, en el  2014.

En la introducción de este  poemario se lee: “este libro está inspirado en la vida y obra de Alejandra Pizarnik, esa mujer que durante su corta vida suplió con poesía las muchas carencias de su trasegar, alumbrando conversos las sombras de sus días…”. Tal es la intención pulsional de este poemario; tal su apuesta de lenguaje, es decir, establecer un diálogo con el espíritu, la obra, la lucidez de Alejandra Pizarnik. Desde ese momento entendemos que es un libro-diálogo, un libro de intercambios de intimidades, de secretos y vasos comunicantes entre los sentidos profundos de dos mujeres que entrecruzan sus espacios para construir el deseo de nombrarse. Unas muy significativas simbologías existenciales sirven en estos intertextos vitales: la lucha con la palabra, los miedos compartidos, el jardín y las lilas, los viajes interiores, la intimidad frente a lo real, la infancia, las desgarradas muñecas.

La autora de Huecos en la Luz encuentra un corpus común con Alejandra en la lucha con el lenguaje, desde él, contra él y por él. Pero hablar del otro es en realidad hablar de sí mismo. Dicho diálogo establece una mismidad interior, con la cual eleva su edificio poético. Es un diálogo entre dos soledades, es decir, un verdadero diálogo. La poesía adquiere así su verdadera grandeza: es intimidad y soledad solidaria. “Como un agua que trepa por sí misma y así se convierte en aire”, dice Clara en sus versos. Ese aire quizás sea el aire de la Pizarnik y la transparencia de todos.

De modo que la poeta Clara edifica su propia voz a través de las voces espirituales de Alejandra. Capta, con la sensibilidad de un barómetro vital, las presiones de esa atmosfera existencial, tal grávida y etérea como lo fue la poesía de la poeta argentina. Asimila, siente el peso de dicha presión del lenguaje y lo transmuta en su propia voz, en su propia tonalidad y angustia tan auténticas en su pasión. La poesía se concibe de esta forma no solo como un homenaje o un simple reconocimiento, sino como un agradecimiento un dar las gracias a una obra que se ha vuelto antorcha en medio de la oscuridad, o bien, luz con la que se asume el abismo y se entienden las penumbras.

El segundo capítulo de este poemario se titula “Árbol de Diana”, estableciendo de nuevo un rico diálogo con el libro de Alejandra Pizarnik del mismo nombre. “Cada uno de los poemas de Árbol de Diana, escribe Clara Schoenborn, fueron entonces mi inspiración para otros poemas que no pretendían, en ningún caso repetir lo mismo, sino más bien incorporarlos dentro de una universalidad poética…”. De manera que en este libro podemos aventurarnos a asegurar que el poeta, cada poeta, es uno y todos los poetas. Está lleno de las voces de todos. Interior-exterior, palabra adentro y a la intemperie. La poesía se asume como un hilo creador comunicante; funda al otro desde el sí mismo y al yo desde el nosotros. Es pues, un intercambio de sensibilidades entre el libro lúcido, doloroso y de perpetuos abismos de la Pizarnik con los singulares abismos y cimas poéticos-existenciales el que encontramos en este poemario que hoy presentamos, libro que asume como un desafío, un viaje por la cuerda floja de la existencia, escrito con coraje, determinación, plenitud y estremecimiento.

viernes, 24 de abril de 2015

LECTURA EN LA CASA DE POESIA SILVA

Es un honor y una gran alegría la invitación recibida por  la Casa de Poesía Silva de Bogotá para presentar mi libro "Huecos en la luz" (editado por Ediciones Torremozas, España)  el próximo jueves 30 de abril  a las 6:30 pm. 
Espero compartirlo con mis amigos poetas de la capital y con mis compañeros de letras de Cali y del resto del país que se encuentren presentes con motivo de la Feria del Libro. 
Para mí esta es una ocasión muy especial.





viernes, 26 de abril de 2013

LANZAMIENTO DE MI LIBRO EN LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BOGOTA

Tengo el gusto de participarles el lanzamiento de mi libro  "Los oficios en clave de Atenea", mañna sábado 27 de abril en la Feria del Libro de Bogotá. 

Esta edición es la versión completa del libro que ganó al Premio Nacional de Poesía Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas en Roldanillo en el 2.011.















A continuación algunas reseñas del mismo:

Igual podría decirte: “loba/cuchillo/ o azúcar”. Sin embargo, lo que ha dicho el jurado es “poeta, indiscutiblemente poeta”. La brillantez y originalidad de las imágenes con las que invoca cada uno de nuestros oficios, la claridad de su versificación sin adornos, la profundidad de su concepción del tema de nuestra identidad ancestral y originaria y la unidad temática y estilística entre los poemas producen un libro de gran impacto.”

Águeda Pizarro. Poeta, catedrática, directora Encuentro de Mujeres Poetas Museo Rayo  y miembro del jurado.

Clara Schoenborn  tiene agujas  que custodian y unen  con hilos de acero,  el rojo vivo que estalla en esa simbiosis que hace de las palabras un alumbramiento, donde la piel alcanza a ser aceite y llanto.
Clara Schoenborn cree en la ceniza que somos, en la semilla y su hondo significado,  en la vida que atesora cada útero, en el óvulo que ama cada orilla, en los almendros que custodian la luna,   en su numerología que aborda para  leer  e interpretar los signos que tocan  el tiempo de la  arena y la clepsidra, porque sabe que no hay salvación posible en un mundo que no puede detenerse,  justamente allí,  la poesía se agita en su círculo, y  es ella,  la poeta   en su retorno, en su eterna repetición,  en ese florecer   en los laberintos de Atenea, en los ojos del búho  y la libélula. 

Amparo Romero Vásquez.
Escritora y fundadora y presidenta de la Fundación de poetas vallecaucanos. Ganadora de varios premios , entre los que se destaca el Premio Autores Vallecaucanos "Jorge Isaacs", 2011.

El poemario de Clara Schoenborn nos sumerge en un laberinto de espejos donde no hay Dédalos que nos guíen. Sólo la clave de Atenea, música que sale de una cítara antigua, olvidada por Orfeo, nos permite balancearnos en los límites del delirio, sin caer del todo en sus fauces. Sus oficios escarban en las profundidades de nuestro útero de diosas, nos recuerdan que por eso no hemos desaparecido de la faz de la tierra.
Berta Lucía Estrada Estrada
Escritora, poeta, crítica literaria. Primer premio en la IV versión Concurso Nacional de Poesía Inédita escrita por Mujeres "Meira del Mar" 2011, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia.
Blog Voces del Silencio: http://beluesfeminas.blogspot.com

Tu significativa poesía, espero y lo deseo, sea leída y aun estudiada por quienes apreciarán tu escritura creativa y literaria.

Carlos Vásquez Zawadski
Investigador, profesor universitario, escritor, periodista, traductor y editor.

"Este poemario es la medida exacta hacia la conquista del absoluto, ya que Clara Schoenborn contempla el poema como un Absoluto, incluso como una redención de la vida, y semeja un discurso filosófico que se fosiliza verso a verso, mediante un diálogo entre la experiencia intelectual y la experiencia en el campo de las sensaciones--siempre sugiriendo, alejada de la poesía matemática--donde la imagen y el instante es el corazón del poema, bajo una escritura que se busca haciéndose y se hace mientras se busca, esa lucha entre el Ser y el No Ser, que es el principio básico de la alta poesía."

Luis Ángel Marín Ibañez
Nacido en Zaragoza, España, en 1952. Licenciado en Filosofía y Letras. Ganador, entre otros,  del premio de poesía “Platero” de la Organización de Naciones Unidas 2006 y del Premio Association Internationale “La Porte des Poètes” de Paris 2008.


Acabo de terminar la segunda lectura de este hermoso libro, (ganador del Premio Nacional de Poesía "Museo Rayo"), después de su lanzamiento en la Feria Internacional de Bogotá, y reafirmo que Clara Schoenborn es una de las GRANDES POETAS COLOMBIANAS de este siglo, que empieza a brillar con la originalidad y la contundencia de su profunda palabra.

Juan Revelo Revelo. Poeta y narrador colombiano.



Leer  “Los Oficios en clave de Atenea” es adentrarse en un mundo onírico, del que bien seguro no se saldrá indemne. A modo de oda a lo femenino, Clara Schoenborn ha sabido cimentar, poema a poema, un singular edificio poético originalísimo, quedando patente la maestría en el manejo de las imágenes, una de las virtudes que destaco de la autora, consiguiendo con este libro llevar la fuerza poética de su voz a una altura realmente fascinante.

José Antonio Fernández Sánchez
Nace en 1963 en Terrassa (Barcelona España). Ganador de varios premios literarios, destacando el  Premio Platero de Poesía 2012, del Club del Libro en Español de las Naciones Unidas en Ginebra.




jueves, 21 de marzo de 2013

21 de marzo de 2013 Día Mundial de la Poesía


Poesía


Se me descorre el iris
y entonces miro


lo que está reverdeciendo


se me descorre
se cae


no logro entender


mas está


tan tenue


tan amarrada al límite


a lo que se descose  


uno
dos
mil
siete veces la muerte
y un millón de serpientes


invade
remuerde
ataca


no puedo dejar que se vaya
pero se va
siempre se va

-viniendo-


uno
dos
tres


ven
y déjame


ven

y vuelve.

martes, 4 de diciembre de 2012

La tía Margot



                                                        Para mi tía Margot Schoenborn
                                                        Asesinada en Auschwitz


Incrustación que perdió su cielo.


Brillo que mutó en agua salada
mucho antes de mi nacimiento
sin que jamás desaparecieran 
sus cantos de ave profética.


Era mi tía en esa prisión de guerra
cuando habitó un peñasco 
coronado de águilas negras.

También lo era cuando 
en una jaula envenenada
se convirtió en un colibrí 
succionado por una corriente azul.


Pero ese espacio tan inmenso 
no pudo confinarnos a la nada.


Sé a qué saben sus pastelillos de manzana
y la he visto salir descongelada de la tierra
tibia y sonriente al borde de un canto sagrado.


Conozco su mirada como un río después del beso
y esas manos partidas por un ojo violento
siempre me encuentran -niña de los callejones.


Sus trineos cruzan mis aguaceros verticales,
en silencio,  porque era silenciosa.


Nació con mucho tiempo,  aunque con poca vida.


Pero yo he tenido vida para contener su tiempo.