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domingo, 25 de junio de 2017

SUBWAY-NEW YORK

Estoy dentro del vagón
en dimensión paralela con el resto de malditos.

Las lecciones de buena educación ordenan:

No os miréis
mirad sólo lo que cargais en el hígado
                    vuestra ciudad nocturna

no recordéis la condena subterránea
dormid mejor dos minutos
junto a la fruta prohibida

estad atentos a los paquetes peligrosos
mas ignoraos los unos a los otros
recordad que el valor de un penny tiende a cero

no os acerquéis a las puertas eléctricas
en pedazos costais menos que un penny

esquivad los charcos de orines
afuera igual hiede a zombie
a ladrillo avinagrado
a coliseo romano

mirad sin parar vuestro teléfono móvil
no vaya a ser que os surja un pensamiento
-----------------------que destruya el universo

acostumbraos a la suciedad
no vaya a ser que lavéis vuestras sábanas

no habléis nada entre vosotros
no vaya a ser una revolución.


sábado, 10 de junio de 2017

EL ABUELO

Al abuelo casi nadie le hablaba.
El problema era su sordera infinita y por ende,  el gran esfuerzo que teníamos que hacer para comunicarnos con él. Por esta razón, permanecía confinado a su soledad, mirando todo el día el transcurrir de la calle por la ventana, tras sus grandes lentes húmedos, sus ojitos negros perdidos en la nada y tras el desgreño de su barba, su boca desdentada y sus labios murmurantes de recuerdos, tristezas y alegrías que llegaban, de pronto y sin pedirlo,  a su mente desde el largo recorrido de su vida.
Yo pasaba por su lado cada mañana antes de salir para el trabajo, y como las palabras eran infructuosas con él, a modo de despedida, le daba un abrazo leve y le sonreía mirándole a los ojos. Él me respondía con una mirada profunda y triste, un pedazo de yeso gris desmoronándose, cuyos trozos caían en mi espíritu pesadamente y resecaban por un buen rato el inicio de mi jornada mañanera.
Un día, al momento de esta despedida, el abuelo me dijo algo. Una sola palabra. Me extrañó de veras, pues nunca decía nada, acostumbrado como estaba a su forzado universo de silencio. Entendí algo así como un nombre, pero no muy bien, por lo inesperado del suceso. Así que, me propuse estar más atento a la mañana siguiente, por si acaso se le ocurría repetir la misma palabra. No lo hizo. Pero noté que su mirada había cambiado. Estaba vívida y alegre, como si esos ojos hubieran retrocedido en el tiempo hacia mejores años. Su rostro entero parecía haber despertado de un inmenso letargo parecido a la muerte y ahora, era algo así
como un resucitado en sus primeros instantes de vida. Exhibía un gesto nuevo, enérgico y volcánico, esperanzado. Me sorprendió mucho y sentí además bastante alivio, pues ya mis mañanas no
comenzaban con un lastre de tristeza.
Pasó un mes, luego otro. Los cambios en el abuelo fueron aumentando, como una avalancha incontrolable. Yo miraba lo que estaba pasando, entre alegre y estupefacto, y día a día, se agigantaba en mí el deseo incontrolable de que repitiera de nuevo ese nombre que había causado en él esta increíble metamorfosis.
Los días de mi anciano eran ahora completamente diferentes.
Muy pocas veces se le volvió a ver sentado tras la ventana.
Salía de la casa a primera hora del día, muy bien afeitado, vestido y perfumado, y regresaba al atardecer. Invariablemente, traía bajo el brazo una botella de ron.
A gritos le preguntábamos dónde había estado y el contestaba con mal humor: “por ahí” y sin decir más, se metía en su habitación, donde le dio por revivir un viejo tocadiscos en donde hasta la madrugada ponía a sonar a máximo volumen antiguos discos de acetato, con boleros, valses y tangos, mientras se bebía el ron que había traído. Dudábamos que, dada su extrema sordera, escuchara algo de esa música, pero no le decíamos nada a pesar del inaguantable estruendo, por temor a que el prodigio desapareciera.
Las pocas veces que durante el día se quedaba en casa, se dedicaba a su recién plantado cultivo de hortalizas, el cual permanecía entre la vida y la muerte, pues por su mala memoria, por temporadas se le olvidaba que existía y era entonces cuando en cambio, se dedicaba a hurgar entre sus viejos libros que habían estado guardados en cajas desde hacía más de 20 años. Fingía leerlos, pero la verdad, solo los acariciaba y volteaba sus páginas amorosamente, como si ahí dentro estuviera guardado algo muy bello que sólo él conocía.
Nos intrigaba mucho saber dónde pasaba la gran parte del día cuando salía de casa, incluso pensamos en seguirlo, pero le teníamos gran respeto y no queríamos violar su deseo de mantener el destino de sus salidas en privado. Preguntamos en algunas ocasiones a nuestros vecinos y amigos si lo habían visto en algún lugar, pero nadie lo había hecho.
Pasados unos meses, ya todos en la casa nos habíamos habituado a la situación.
El abuelo seguía con sus nuevos e inexplicables impulsos que a nosotros ya casi no nos sorprendían. Cada cierto tiempo aparecía con alguna de sus novedades, como cuando decidió ponerse por primera vez gorra, blue jeans y zapatos de tenis,  y ya nunca más se los quitó, o cuando se compró un telescopio y un microscopio el mismo día, para quedarse luego varias semanas inmerso en la investigación diurna de lo minúsculo, entre patas de insectos, gotas de sangre y trocitos  de cabello y al anochecer, enfrentarse con lo inmenso, mirando hacia el infinito estrellas y galaxias inalcanzables.

Luego, un buen día, súbitamente, todo cambió de nuevo.

El abuelo no salió ese día de su habitación.
Estuvimos esperando toda la mañana por si partía a su paseo habitual, pero no fue así.
Por la tarde, tocamos a su puerta sin que nos respondiera y al entrar nos encontrarnos con una escena verdaderamente deplorable. Estaba acostado en su cama, arropado hasta el cuello, con las ventanas y las cortinas cerradas, a oscuras,  y sobre su mesa de noche sólo un velón encendido.
Quisimos reanimarlo, pero no respondió a ninguna de las frases motivadoras que le lanzamos, pusimos a sonar a todo volumen algunos de sus discos más queridos, le preparamos su plato favorito, le servimos un trago de ron, decoramos con flores, pero todo fue inútil, el abuelo no reaccionaba y solo lo hacía para evitar con un gesto de disgusto que prendiéramos la luz de la habitación o apagáramos el velón.
Esa noche decidimos esperar hasta la mañana siguiente, con la esperanza de que la situación de pronto se revirtiera, tal como el viejo nos tenía ya acostumbrados.
Dormimos por turnos mientras velábamos al lado de su cama su intranquilo sueño.
Cuando me tocó el turno a mí, el velón estaba apagándose. Recordé que había otro guardado en el armario de mi hermana y me levanté para ir a traerlo, pero cuando regresé la llama ya se había agotado y la habitación estaba a oscuras. No me quedó más remedio que encender la luz para poder prender apropiadamente el nuevo velón.
Cuando lo hice, casi muero del susto.
El abuelo no estaba en la cama. Había desaparecido. En cambio, el lecho aparecía perfectamente tendido, como si nadie hubiera estado jamás acostado ahí. Sobre la mesa de noche ni un rastro del velón. Abrí las puertas de su armario y estaba completamente vacío, ni una sola de sus prendas de vestir. El tocadiscos tampoco se veía por ningún lado, mucho menos los discos que hacía un instante estaban regados por el piso.
Parecía que el abuelo nunca hubiera existido.
Entré en pánico. ¿Qué estaba pasando?

Corrí para comentarle el suceso a los demás habitantes de la casa, pero iba gritando sus nombres, abriendo las puertas de sus habitaciones y encendiendo luces, y no encontraba a nadie en ellas. Aterrorizado, me di cuenta que estaba completamente solo en la casa.
Sentí un dolor infinito.
Me tiré sobre la cama del abuelo, ahora fría y solitaria. No se oía ni un solo murmullo, el silencio de la casa retumbaba en mi cabeza y en las palmas temblorosas de mis manos. Con la mirada fija en el techo, trataba de hurgar en mi cabeza buscando una explicación lógica a esta situación tan absurda. ¿Era el abuelo quien había desaparecido de mi vida o era yo quien acababa de desaparecer de la suya? ¿Y en dónde estaba el resto de mi familia? ¿Sería que al morir el viejo y, acostumbrado a exhibir tanto prodigio, había decidido llevarse a todos hacía esas estrellas que cada noche aparecían en su telescopio? ¿Por qué entonces no me había llevado también a mí y me dejaba solo sobre la tierra?
Nada tenía lógica. Grité y grité. Me retorcía del dolor sobre las sábanas.
¿Estaba yo loco? ¿A quién podría preguntarle ahora sin que me acusaran después de estar alucinando? ¿Acaso había sido todo un sueño más largo de lo común del que acababa de despertar? Me invadió un dolor infinito.
Si todo había sido producto de mi imaginación, quería decir que ese querido viejo sordo, tan original y algo cascarrabias, jamás había estado junto a mi, nunca había sido mi abuelo; que mi cariño y dedicación se habían perdido en la nada.
Lo único cierto en mi vida era esta inmensa soledad que ahora enfrentaba cara a cara en una vacía habitación.
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(NOTA: Este cuento es un homenaje al abuelo que nunca tuve, el mismo que nunca me tuvo a mí. La vida nos perdió para siempre en un mar de desencuentros.)

domingo, 29 de enero de 2017

Madre: ¿Si te escribo me leerás desde el universo?

Madre:
¿Si te escribo me leerás desde el universo?

¿Sabrás allá donde ahora estás,
-entre la insinuación del sueño y el infinito-
que ahora estoy vieja como tú,
que ahora ya puedo comprender
las razones de tus esquinas resbaladizas,
tus cultivos de frailejones congelados
y la expresión poligonal de tu rostro?

Madre,
tal vez te viera llorar si ahora me vieras,
tú,
que amabas mi belleza,
mientras yo esperaba la voz que aún espero.
Ahora todo viaja
hacia un punto amargo de reconciliación,
hacia el fracaso,
hacia la paz unilateral de la tierra.

Mira,
ya puedes llevarte las puntas de los alfileres,
los verbos de mis sílabas pulverizadas.

Yo aprendí lo que tú querías aprender,
madre léelo desde el infinito.

Yo escribí lo que tú querías escribir,
madre,
llévate los deseos sin herbario.

Me decidí a ser feliz,
espanta la víbora debajo de la cama.

También grité, luché
y no quise regalar ni una sonrisa.
Madre,
la gente me miró entonces con desconfianza.
¡Grita victoria mujer!
¡Descansa en paz!

En mi jardín hoy tengo las flores exactas
-faltarás siempre tú-
pero ahora ya estoy vieja,
ya puedo comprender tu furiosa despedida,
el injerto en tu alma,
la forma curva de las distancias.
Ya puedo comprender
el significado de las palabras

…………….que nunca dijiste.

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA PESTE

Entonces,  resulta que en medio de una galaxia casi infinita y gracias a una milagrosa conjunción de factores, en un minúsculo planeta - microscópica y bellísima esfera compuesta por minerales, agua, gases, células -   apareció una sorprendente forma de materia,  denominada “vida”.
No obstante, para este planeta enano,  dicho milagro fue su propia desgracia.
Una de las especies surgidas,  dividió el ya pequeñísimo territorio en parcelas aún menores, y dentro de cada espacio quedaron confinados grupos que se odiaron entre sí. Egoístas, ambiciosos y violentos, se mataron unos a otros. Regaron sangre y cadáveres por doquier. Se agredieron y explotaron sin misericordia. Se dedicaron al culto de sí mismos y al culto de lo material y en procura de obtener poder, fama y bienes,  apelaron a los métodos más viles  y arrasaron con todo lo que estuviera en frente .
El planeta enfermó. La fiebre lo atacó, los retorcijones y pústulas le explotaban por todos lados, vomitaba y escupía. Se fue muriendo a pedazos.
La funesta especie miraba cómo el hogar de dónde había surgido su existencia se derruía, pero nada podía evitar que estos seres dejaran atrás su fatídica condición de peste. No eran el milagro que todos creían, ni la suerte del planeta. Eran todo lo contrario. Bacterias dañinas, un virus mortal. Su misión de destrucción no podía ser  detenida.
A medida que el daño iba tomando forma, igualmente se vislumbraba el abismo por el cuál todo desaparecería.  Lo único que les quedaba era mirar al espacio. Emigrar hacia otro planeta, hacia otro cuerpo sano, como lo hacen siempre los bacilos infecciosos.

miércoles, 20 de julio de 2016

INDEPENDENCE DAY

En este mundo tan democrático y libre
cada esclavo tiene su precio.
Depende de cuánto le sirva al amo.
Hay esclavos abundantes y baratos.
Son leña con corazón
animales de carga y sueño.
Son fáciles de desechar
deambulan por el mundo
hambrientos y rogando.
Los esclavos baratos
limpian la casa
venden sandalias y blusas,
pegan ladrillos y aran la tierra.
Saben contestar el teléfono y mentir:
“EL AMO NO ESTÁ”
Conducen autos, camiones y limusinas,
disparan un arma, ofrendan su vida  y pescan.
Las esclavas sin saberse esclavas
son carne para la sed del amo
carne para licuar entre las  piernas
bocas incoloras,
cuerpos garabateados.


Los esclavos baratos
tienen el alma partida por la mitad
                   y la voluntad mutilada.
Su religion no es de biblias ni de templos
su libro de oraciones permanece insepulto
pero rezan
porque rezar es la forma menos maldita de callar.
Tienen dioses vanos e invisibles
otros más peligrosos de carne y hueso
y también dioses estampados en billetes
dioses mezquinos que exigen eterna humillación
dioses de papel tan necesarios
para alcanzar la libertad de ser pobres
la sospechosa libertad de no llamarse esclavos
ser libres en el contrato de todas las mentiras
libres porque alguien lo gritó y todos le creyeron.


Hay otros esclavos más costosos.
Esclavos de exquisita sustancia
Se forman  en establos selectos.
Aprenden finas artes y muchas acrobacias:
Economía
Leyes
Informática
Medicina
Aviación
Ciencias
De todo lo aprendido
ordeñarán su cerebro
para enriquecer a sus dueños.
Serán esclavos de lujo
sofisticadas herramientas
esclavos expectantes de una gran limosna
una que alcance para conseguir
una lujosa guarida de esclavos
Para comprar  un auto parecido al del amo
Para hacer  algún viaje parecido al del amo
Para pagar el mismo psiquiatra del amo
Para ser como el amo sin dejar de ser su esclavo.


Los esclavos caros miran a los baratos
y dan gracias a dios por tanta dicha
aunque ellos tampoco sientan el peso de su esqueleto
aunque crean que es menos pesada su cadena.
Igual su tiempo huele a la saliva del amo.
Su mirada mira al suelo sin preguntas.
Sus rodillas conocen los pasadizos del silencio.
Las puertas que de pronto se cierran.
Las ventanas de un solo horizonte.
Estaciones siempre iguales con un solo monarca
y su mirada de veneno irreversible.


Y hay amos de muchas clases
aunque al final todos sean iguales.
Unos van vestidos de uniforme
otros de corbata o de sotana
unos llevan cruces
otros media lunas
-cualquier otro signo intimidante.
Su gesto es el mismo
metal de artillería
metal de ganzúa
y buenas maneras para disimular.
Un púlpito monumental
un florido discurso
y el halo invisible de una unción.
Los  amos entienden que el alma no existe
que la naturaleza es la ley
-su simple fórmula de fuerza-
que solo el poderoso es Dios
y que muchos han nacido para obedecer.


Por eso los amos
miran tranquilos su ventana iluminada
------------------------- en cada amanecer
vuelven a poner sus pies en tierra
confiados en su verdad de lodo y roca.
Si acaso temen, es al resto de amos
jamás a quienes pisan en la espalda.
Una sola página está escrita en su alfabeto sagrado:
el buen esclavo calla
el buen esclavo obedece
el buen esclavo no golpea paredes
no rompe las páginas del libro.
El buen esclavo no entiende que es esclavo.



sábado, 11 de junio de 2016

TALLER DE ESCRITURA


Estas palabras están escapando  ahora mismo del poema, no quieren permanecer en él. Quieren volverse agua de mariposas  y repetir tres olvidos. No quieren ser poema. Quieren llegar lejos hasta donde ellas no existen, hasta donde nadie las ha escrito, hasta el silencio con sus dedos cortados y su desperdicio de sangre. Mira cómo se van las palabras. Mira cómo va desapareciendo el poema. Míralo qué bello, qué extraña rotura con su olor de madera. Míralo. Nadie lo escribe. Nadie lo lee. Nadie lo  escucha. Ha nacido al fin el poema perfecto.




lunes, 9 de mayo de 2016

TESTAMENTO V

No me digas madre
dime solo mujer
o llámame por mi nombre.
No me agradezcas nada
la fuerza de la naturaleza
no deja mayores opciones.
Lo mismo hubiera hecho
si hubiera sido leona o zarigüeya.
No te sientas culpable si me olvidas,
olvidarme es tu derecho, tu obligación.
No me felicites el día de la madre
no me traigas flores ni regalos
a menos que alguna vez quieras hacerlo
porque me consideras una más de tus amigos.
Si ya no te sirvo no me busques
no me tengas compasión ni cargues conmigo.
No te sientas obligado
la cuenta hace mucho tiempo está saldada.
Todos los pasos llevan a la vida
no se vale retroceder ni mirar atrás.
Fuimos dos que se cruzaron en su viaje
estuvimos juntos entre emociones, mar y cielo
luego nos separamos y eso fue todo
                                          nada más.

domingo, 8 de mayo de 2016

MARÍA MADRE

Esta fue mi mujer.
Mi mujer volcánica.
La que amaba los remolinos.
La de un sólo ojo como dios.
Esta fue la que me invadió.
La que vino yéndose desde otras.

La que dejaré quedándome en las demás.


martes, 8 de marzo de 2016

Álbum

María era cerrada como una casa triste.
Isabel combatía de día y de noche
y en las paredes pintaba caminos truncos
para poder descansar.
Beatriz aunque falleció hace tiempo
no quiso irse ni me deja en paz
por eso escribo aquí que cuando vivía
tampoco tenía dónde encontrarse
y que se fue preguntándole todo a los evangelios.
Berta estaba partida por la mitad
tenía una marca envenenada en un muslo
tres arañazos y una canción divinizada.
Angélica amaba las tablas de multiplicar
porque los números son los mayores impostores.
Alejandra.
No digo más.
Alejandra y basta.
Leticia coleccionaba palabras de colores
inventó un alfabeto de letras metálicas
en él había cuchillos, pulseras y aviones.
Abracadabra Enriqueta
mariposario en tus cabellos
saliva verde en la garganta
y dos lagos amarillos en los ojos.
Cleotilde inversa.
Luz
inversamente proporcional.
Fidelina con-versa.
Tresa por cuatra.
Cuatra por cinca.
Mil millonesas.
En fila india,
bailando rondas.
Callando.
Gritando.
Luchando.

Publicado hoy 8 de marzo de 2016 Día de la mujer